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Froilán de Lózar

La madeja

Froilán de Lózar


Canteros anónimos

09/09/2022

En esta madeja de arte a la que hoy regreso, acumulo citas e historias relacionadas con los canteros y la piedra.
Como la vida es un instante, es curioso e invita a reflexión la ceguera de quienes hoy todo lo matan con la popularidad. Hoy un libro importa por la firma, por el nombre, no tanto por el contenido, que es lo que debe importar verdaderamente. Estoy convencido de que muchos libros ni se leen ni se vuelven a tocar, una vez subidos al estante. Así, también quienes se dedicaban a dar forma a la piedra, prácticamente eran desconocidos, figurando como autores los promotores de estas. Teófilo, pseudónimo del orfebre Roger de Helmarshausen, que ejerció a comienzos del siglo XII, ya se presenta a sí mismo como persona piadosa que realiza sus encargos «no para reconocimiento personal» sino «ad maiorem Dei gloriam». Y como autores implicados en llevar adelante sus ideas, con la satisfacción tenían bastante. 
Es posible que todavía quede algún resto por el mundo adelante de artistas que tienen el arte como refugio, como realización, como solaz esparcimiento, que es cuando se vive de verdad, que es cuando le sirve a uno para encontrarse y vivir a pleno pulmón, sin que intervengan los mercados. Si viene más reconocimiento o premio de camino, que venga, pero no exigirlo como carta de presentación.
Ahora estamos obsesionados con saber quién estaba detrás de esas piedras, como si pudieran oírnos aquellos que las dieron forma, como si pudieran medrar o les sirviera muestro halago de empujón para levantar más edificios. Yo estoy desilusionado con el mundo. Y cuanto más conozco, cuantos más juicios de especialistas veo, cuanta más gente acude a disentir sobre lo mismo, más incomprensible e injusto me parece todo.
No sabemos nada. Intuimos algo de lo que querían decir en las famosas marcas pero todo es un suponer historias. Mira qué curioso, en ese caso sí acudimos al hombre que trabajó ese muro o que firmó esa piedra. Cuanto más tiempo lleva muerto, más se reafirma su mensaje. Ahora resulta que los canteros siguen vivos después de tantos siglos muertos.

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