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Antonio Álamo

Antonio Álamo


Nerviosismo

24/03/2022

Protestas, paros, desabastecimiento, críticas, incertidumbre, ambiente desapacible, nervios, pancartas y gritos. Estas y otras palabras, pues podrían añadirse algunas más, sirven para conformar con exactitud el escenario actual español. Todas ellas, sin excepción, suelen aparecer juntas cuando un imprevisto es capaz de provocar una sacudida de envergadura en la estructura de toda una sociedad y eso es lo que ha ocurrido ahora. Pero como no es la primera vez que sucede convendría analizar con cierta distancia el origen, las consecuencias que acarrea y los remedios que pueden existir para paliar el problema en la medida de lo posible. Como no se va a arreglar es culpando al gobierno de turno, de derechas o de izquierdas, de todos los males.
Seguramente no se recuerde pero en 1973 un conflicto entre árabes e israelitas, la guerra del Yom Kippur, provocó una de las mayores catástrofes económicas que se conocen en tiempos recientes porque al episodio bélico entre Egipto e Israel, protagonistas principales, se unió un embargo petrolífero de los países de la OPEP a Occidente -una represalia-, lo que provocó una subida salvaje del precio de la energía, un desabastecimiento generalizado y una inflación descomunal que tiró de los precios hacia arriba. Por si alguien no lo recuerda, en España no gobernaba quien ahora lo hace sino Luis Carrero Blanco.
Y al igual que ahora, los contendientes recibieron entonces apoyo militar y económico… ¿curioso, verdad? Para Europa significó el final de la época de prosperidad y evidenció una dependencia energética preocupante que todavía perdura. Para España fue un drama y de alguna manera ayudó a que se firmaran, en 1977, los Pactos de La Moncloa. Las similitudes entre entonces y ahora, aquí, pueden refrescarse en los trabajos académicos de la catedrática Mercedes Cabrera, ministra de Educación y Ciencia (2006-2008) con un gobierno socialista, sobrina de un presidente de Gobierno, Leopoldo Calvo-Sotelo, y sobrina-nieta del líder monárquico José Calvo Sotelo, nombre que resultará familiar. Al gobierno actual se le pueden criticar muchas cosas, quizás demasiadas, pero de lo que no es culpable es de las consecuencias derivadas de la demolición del orden internacional.