Así nace un mito

Sergio Andreu (EFE)
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La artista catalana, que está a punto de cumplir 26 años, ya apuntaba maneras desde niña, con una rara vocación para una joven nacida en un entorno alejado del flamenco, pero que siempre tuvo clara su meta

Así nace un mito

Rosalía, Rosalía, Rosalía... El nombre de la cantante catalana está en boca de todos, pero no es una casualidad. El éxito de esta joven artista, que gana Grammys y MTV Awards a pares, era predecible, casi «inevitable» si se pregunta a quienes la ayudaron a recorrer el camino hacia el altar de «artista total». Cuando aún no hace ni un año de la aparición de El mal querer (Sony Music) -disco que le puso en el atlas mundial con su híbrido de trap, reguetón, sonidos flamencos y pop-, el fenómeno Rosalía resulta tan ubicuo que son muchos los que se preguntan el porqué de este triunfo, súbito quizás, pero no inesperado para los profesores que se cruzaron con ella y que coinciden al describirla: talento, tenacidad, esfuerzo y, sobre todo, espíritu curioso.
A punto ahora de cumplir los 26, Rosalía desbordaba maneras desde niña, una primera vocación espontánea y extraña para una joven nacida en un entorno alejado de lo flamenco, pero que dejó claro, cuando tuvo ya algo de juicio, cuáles eran sus querencias.
Para entenderlo bien se ha de buscar en el mapa, acudir a los vecinos de su Sant Esteve Sesrovires natal, que la vieron bailar y cantar y desenvolverse sobre el escenario de El Casino cuando solo levantaba unos palmos del suelo, primeros testigos en darse cuenta de que aquello «no era normal».
Manoli Rodríguez, profesora suya desde los cinco años hasta la adolescencia en una pequeña academia de danza de esa localidad barcelonesa, recuerda que cuando se subía a las tablas entonces ya se crecía, «siempre con una gran sonrisa». «El flamenco no estaba en su vida ni en su entorno. A través de amigos fue escuchandolo, a Camarón... eso le hizo abrirse a ese mundo. Cuando lo descubrió, tuvo claro su objetivo», añade.

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«Está trabajando muy duro y consiguiendo su sueño. Ha sabido fusionar todos los estilos que ha aprendido: jazz, flamenco, danzas urbanas, hip-hop...», resume Manoli, «superorgullosa» del éxito de la cantante de Malamente.
«Un día estaba cantando con unas compañeras en la trastienda y me pregunté quién sería. Cuando vi que era ella me quedé embobada oyéndola, tenía una voz preciosa», rememora por su parte la granadina Antonia Cañadas, presidenta de la Entidad Cultural Flamenca de Sant Esteve, donde con 13 años Rosalía formó Triana, un grupo de baile con unas amigas.
«Le pregunté si en el festival de verano, además de bailar, quería cantar. Me contestó que sí», explica Cañadas desde el patio de su casa en Sant Esteve, rodeada de geranios y radiante ante la trayectoria desprejuiciada que ha tomado la carrera de Rosalía.
«Era un encanto, todo alegría, responsable. No se puede decir nada malo, solo cosas positivas. Me gusta todo lo que hace, cuando canta flamenco y ahora, que hace otras cosas, también me gusta. Me alegro de su éxito, se lo ha trabajado todo, nadie le ha regalado nada», afirma.
Rosalía supo entonces que, si quería seguir descubriendo «palos», tenía que continuar su formación en la gran ciudad, donde le esperaban nuevos maestros, dispuestos a dejarse sorprender. Por eso, con solo 16 años, se matricula en el Taller de Músics de Barcelona, donde permaneció cuatro cursos, y donde «consciente o inconscientemente el equipo de profesores le hizo un traje a medida», explica Lluís Cabrera, uno de los creadores de este centro.
Allí estudió técnica vocal, guitarra eléctrica, piano y luego todas las teóricas, lenguaje musical, educación del oído, armonía...

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«Destacaba mucho. Además de a las clases, acudía a seminarios y cursos», recuerda Cabrera, «alertado» del talento de aquella chica por José Miguel Vizcaya, Chiqui de la Línea, cantaor y profesor de flamenco del centro, y más tarde en la Escuela Superior de Música de Cataluña (Esmuc).
«Era una joven con muchas inquietudes no solo en el canto, sino en las coreografías, en los vídeos, un espectáculo global (...). Tenía más claro lo que no quería hacer que lo que quería hacer; eso sí, quería llegar a mucho público», rememora Cabrera.
Y advierte a aquellos que la consideran una simple operación de marketing predirigida: «Ella no va a ser manipulada, no podrán manejarla, ella ha creado su producto, entre comillas, no es obra de una multinacional».
En el Taller de Músics, donde coincidió como compañeros con el portugués Salvador Sobral (ganador de la edición más atípica de Eurovisión) o el triunfito Alfred García, Rosalía tuvo de profesor de Lenguaje Musical a Jordi Riera, que define a esta aventajada alumna como «una mixtura», combinación de talento y trabajo.
«Detrás de cada uno de sus gestos hay mucho trabajo y mucha dedicación. Es una persona con lenguaje propio, más que ambiciosa tiene ese proyecto propio», defiende Riera.

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«La había visto en un programa de televisión de talentos. Cantó blues. Me gustó mucho, era muy jovencita, con su guitarra, su pelo muy largo, muy guapa. Cuando la vi en persona aquí, esperé a que acabara la clase y le pregunté si era la niña que había visto en la tele y ella se alegró mucho de que la hubiera reconocido», sitúa Yolanda Cortés, profesora de baile flamenco en la Escuela La Tani, su primer encuentro con la artista.
«Venía con su bicicleta plegable, que dejaba aparcada en el pasillo. Era una niña atenta, trabajadora, cariñosa... Muy buena compañera y agradecida hacia sus profesores», la define Yolanda.

Grandes cualidades 

Y es que Rosalía, como apunta esta bailaora, no tiene problemas en reconocer a sus «maestros», y uno de ellos -así lo recoge expresamente en los agradecimientos de El mal querer- es José Miguel Vizcaya.
«Es una persona con una facilidad especial para abrirse a nuevos conocimientos, sabe resetear y partir de cero. Absorbe muy rápido, tiene una percepción auditiva muy sensible y detallista, es una persona con una gran inteligencia emocional», detalla el Chiqui sobre las cualidades de aquella alumna que aprendía en una semana lo que a otros les costaba tres.
Orgulloso de que le llame maestro -«satisfacción que toca el ego»- Vizcaya mantiene el contacto con la artista, que de vez en cuando le consulta aspectos profesionales, y reniega de los que hablan de apropiación cultural, o de falta de ortodoxia, en la música y los espectáculos de Rosalía.
«Cuesta admitir lo nuevo, algo que en el caso de Rosalía se acrecienta porque mezcla músicas casi antagónicas como el flamenco, la música urbana y la electrónica», explica el cantaor.
Vizcaya reconoce que, aunque a le falta aún recorrido para poderla comparar a los «grandes», se vislumbra una larga trayectoria: «De momento ha dado una pincelada de lo que puede hacer, pero tiene mucho que decir», apunta.
De su paso por la Esmuc surgió el germen de Los ángeles, primer disco de Rosalía, situado en los recovecos más flamencos de su cerebro y que fue recibido con asombro por la crítica y por la gerente del veterano Tablao de Carmen, Mimo Agüero, que la escuchó en un abarrotadísimo Paraninfo de la Universidad y que supo que tenía que cantar en su local.
«La idea es que hiciera 20 minutos y se pegó 45. No se oía una mosca. Se trajo a su guitarrista, David Lagos de Jerez. Fue mágico y el público mío, extranjero, alucinaba. Se decían: ¿Pero qué es esto? Fue muy bonito...», recuerda.
Aquella noche, cantó sentada, vestida «muy conservadora», para lo que hoy entenderíamos como estilo Rosalía, con «una camisa blanca de chorreras y una falda larga negra en la que no se le veía ni el tobillo», detalla Mimo, hija del guitarrista Juan Antonio Agüero, primer marido de Carmen Amaya.
«Fue todo muy fresco, pero a la vez solemne, porque cuando ella canta no hay nada, absolutamente nada más. Eso lo vi desde el primer minuto, y aquí pasó eso», relata sentada en el patio de butacas del tablao, al que Rosalía llevó a C. Tangana cuando eran pareja «porque le quería enseñar el sitio».
Precisamente, fue de la mano de C. Tangana como Rosalía llegó a la productora Canadá para participar en el videoclip que ambos artistas realizaron del tema Antes de morirme, dirigido por el colectivo Manson.
«Cuando vinieron a rodar, subí a verles, conocí a Pucho -otro de los nombres de C Tangana- y a Rosalía. Me pareció que era una tía con una energía maravillosa, tanto artísticamente como en lo personal», rememora Óscar Romagosa, productor ejecutivo de Canadá.
La catalana, que entonces, en el 2016, estaba muy metida con el flamenco, quedó encantada con el clip y la forma de trabajar de Canadá y pensó en ellos para sus vídeos cuando sacó al mercado su heterodoxo segundo trabajo El mal querer, en concreto para los cortes Malamente y Pienso en tu mirá.
«Con Rosalía lo que siempre digo es que es como el Elvis Presley español, nadie ha tenido más portadas que ella, ha tenido un éxito muy bestia y merecido», afirma Romagosa, que no duda en darle la enhorabuena por el reciente MTV Award que la cantante ganó por el clip de Con Altura (casi 819 millones de visualizaciones en YouTube), aunque haya salido de una productora ajena.


«Cuando ha rodado con Canadá resulta una persona fácil, pero es puñetera con lo que le importa, y si ve una cosa que no le convence te lo dice claramente (...) Tiene más conocimiento y más talento para hacer videoclips que otros artistas, un talento muy claro, y una mezcla extraña de cosas, un aura y una energía poderosas, una personalidad muy adictiva y todas esas virtudes son las que demuestran que es una verdadera estrella», concluye Romagosa.