Rojo y par

Alberto Moreno
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Oier Lazkano logra su segundo triunfo consecutivo en alto y tiene el triunfo en sus poderosas piernas

Rojo y par

Habrá que empezar a dejar arrinconados viejos estereotipos que señalan que un corredor de 1,90 metros y unos cuantos kilos de peso no puede ganar en la montaña. Los culo gordo, como se les llamaba a los rodares espigados, son capaces de medirse y superar a los finos escaladores. Y hasta los colombianos ahora sprintan. El ciclismo no es como el de antes. Cambió la historia Induráin (1,86 metros), la perpetúa Froome (1,86) y ahora en Palencia, en otro nivel, la escribe un mozalbete de 19 años y 1,90 metros, Oier Lazkano.
El alavés tiene la planta de un rodador que mete la tuerca y pone en fila de a uno a un pelotón, que mueve enormes desarrollos gracias a las palancas que tiene como piernas, un todoterreno que rompe los potenciómetros. Pero también sube. Lo hizo en el Santuario de la Virgen del Brezo, pero entraba dentro de la lógica, al ser un puerto corto y explosivo. Pero también en un puerto de otra categoría, el Golobar, pese a recortarse los últimos tres kilómetros por el desprendimiento  que provocó daños en la carretera. Y es que cuando un corredor está en forma es capaz de brillar en todos los terrenos y más cuando se tiene clase y fuerza. Y aún más cuando se siente arropado por un gran equipo.
Ver a todo un campeón de España, portando su preciado maillot, tirando a destajo por y para su compañero de equipo en el Caja Rural (o para la otra baza, Juan Fernando Calle) lo dice todo. El conjunto navarro en esta corta etapa, acompañada por la intensa lluvia y el granizo durante una gran parte de la misma, trabajó bien y de forma inteligente. Mantuvo la unidad hasta que llegase el momento decisivo. Imprimió un ritmo alto de control para evitar que por delante se colora gente que podía servir de puente o un tapado en la general. La cuestión era llegar al momento decisivo arropando a sus líderes. El colombiano Juan Fernando Calle, que  era otra opción dadas sus enormes condiciones de escalador, se quedó helado por las bajas temperaturas. La apuesta cajera, por si existía alguna duda, era Oier Lazkano. El brasileño Zucco, uno de los animadores de la ronda, quiso poner a prueba al equipo del líder, pero no le consistió más allá de treinta segundos. Todo bajo control.
Llegaba así el ascenso final al Golobar, que sin estos tres kilómetros finales pierde parte de su encanto. En el Collado de Salcedillo, acabó apareciendo el sol. En la cima del Golobar, niebla y lluvia. Es otro mundo que deberá volver a ser explorado. Siguiendo la etapa reina, Santiago Amor, el presidente de la UCP, el club que organizó durante 31 años la Vuelta a Palencia y que descubrió para muchos esta joya de la naturaleza que es el Golobar.
En la fuga final se metía como tapón Josu Echeverría.  Sabia táctica del Caja Rural. Si cuajaba la escapada, tenía otra baza, el maillot cambiaba de manos, pero no de equipo, al estar sólo a 38 segundos de su compañero. Por detrás, sólo aguantaban los más fuertes, entre ellos el líder. Los noruegos, que están batallando día tras día, le ponían a prueba y respondía en primera persona.
Tanto, que el alavés acabó en la punta junto al noruego Magnus Brynsrud, décimo en la general a 18 segundos. Era cuestión de aguantar su rueda. Todo lo más que podía ceder eran cuatro segundos de bonificación en caso de ganar el nórdico. No fue así, Lazkano impuso su punta de velocidad en la pequeña bajada a meta, en el último descansillo de la ascensión, y volvía a ganar, como el día anterior, por un tubular.
Oier Lazkano tiene 22 segundos de margen sobre el noruego. Le debe ser suficiente para llevarse la vuelta, pese a la siempre peligrosa etapa de los páramos. No son tantos como en otras ocasiones y además lejanos. Tiene equipo para defender el maillot y de esta manera cumplir con las dos leyendas de la Vuelta a Palencia: el que sale líder del Golobar gana la rinda y el que la consigue pasa a profesionales (correrá las dos próximas campañas con el Caja Rural continental profesional) . Oier apostó por par (dos etapas) y el rojo de líder.