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Desafío: conectar con el consumidor

M.H. (SPC)
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Un acto organizado por ANOVE tras el Congreso Mundial de Semillas pone de relieve el problema que supone que el trabajo de los obtentores vegetales sea desconocido para el gran público y las posibles soluciones

Desafío: conectar con el consumidor

La semana pasada tuvo lugar en Barcelona en Congreso Mundial de Semillas, que congregó a 400 empresas del sector provenientes de 60 países de la mano de la Federación Internacional de Semillas (ISF) y con la Asociación Nacional de obtentores Vegetales (ANOVE) y la Asociación Profesional de Productores de Semillas Selectas (APROSE) como anfitriones. Alrededor de 1.400 profesionales se reunieron en la Ciudad Condal para debatir la situación actual y el futuro del sector en unos momentos en los que el abastecimiento alimentario ha alcanzado una popularidad (importancia siempre la tuvo, aunque no se le prestara la atención que merece) nunca antes vista gracias a la inflación generalizada, a los elevados costes de producción que asumen agricultores y ganaderos y, sobre todo, a la guerra en Ucrania, que está haciendo peligrar la disponibilidad de materias primas.

La ISF quiso destacar «la necesidad de que globalmente las semillas puedan moverse con libertad y sin restricciones para poder garantizar el libre acceso a las mismas en cualquier parte del mundo». Michael Keller, secretario general del organismo, puso de relieve que el lema del encuentro -'Sowing a Vibrant Future' ('Sembrando un Futuro Vibrante')- «adquiere en nuestros días un significado totalmente nuevo» y manifestó que «podemos hacer que las semillas de calidad tengan la capacidad de contribuir a la seguridad alimentaria y nutricional, haciendo accesibles a todos los agricultores variedades suficientes, diversas, adaptadas localmente y mejoradas, respetando además, los aspectos medioambientales, sanitarios, sociales y económicos».

Tras los tres días de reuniones, ANOVE quiso prolongar una jornada más el encuentro programando, ya fuera del congreso, un 'Thematic Day' al que asistió una parte de quienes habían estado presentes las tres jornadas anteriores y que pretendía abordar dos aspectos de la mejora vegetal: qué ha hecho esta disciplina por la cadena de valor alimentaria y qué puede hacer en un futuro. Representantes de los diversos eslabones de la cadena charlaron y debatieron sobre estas cuestiones a lo largo de la mañana en la sala de reuniones de Mercabarna llegando a conclusiones muy interesantes.

Desafío: conectar con el consumidorDesafío: conectar con el consumidorEl acto comenzó con una apasionante charla de David del Pino, ingeniero agrónomo que asegura que, tras toda una vida en el negocio (como hijo de agricultor, en el ámbito académico, en la logística, en el control de calidad, en el comercio nacional e internacional y finalmente en la gestión), comienza a entender como funciona. Al poco de comenzar, del Pino dejaba caer una de las claves que, según él, deberían tener claro todos los implicados en el sector de las semillas: «ya no se venden semillas, se venden soluciones» a la falta de agua, a las sequías, a las temperaturas anormalmente altas…

Quiso incidir también en la falta de comunicación que existe entre los diferentes eslabones de la cadena. «No hay conexión, solo operaciones comerciales. Se venden las semillas, pero no se comparte información. El valor de un productos está en todos los pasos de la cadena». Consecuencia de esto, de esa falta de comunicación, aseguraba, «hay una baja percepción del valor de lo que se hace [la mejora vegetal] por parte de los consumidores y también de los agricultores», aunque la cosa mejora un poco en este último caso.

Debate.

Esta última realidad salió también a relucir en la mesa redonda posterior. En ella se reunieron para debatir representantes de diversos eslabones: Vicente Navarro (BASF VS) y Eduardo Fitó (Semillas Fitó) por parte del sector de las semillas; por el sector productor-exportador participaron Jorge Brotons (FEPEX) y Enrique de los Ríos (Unica Group); también acudieron Ignacio García Margazo, director general de ASEDAS (cadenas de supermercados, mayoristas…) y Maite Arrizabalaga, de AECOC (productores, distribuidores, operadores logísticos…).

Desafío: conectar con el consumidorDesafío: conectar con el consumidorArrizabalaga incidía en la idea anterior. «Pretendemos que el consumidor pague por algo que no percibe», decía una de sus intervenciones. «El desafío del sector de las semillas es conectar con el consumidor», añadía después. Y es que el trabajo de los obtentores se queda por el camino, no llega al momento de la compra en el supermercado. En cierto modo es lógico que esto ocurra en algunos casos. Cuando alguien compra harina no tiene manera de saber que la variedad de trigo de la que ha obtenido es nueva y hace frente a las sequías y a las plagas mucho mejor que las que se sembraban hace dos o tres décadas, aumentando así los rendimientos. Pero en otros casos hay un claro problema de comunicación por parte del sector.

Un ejemplo claro es el tomate. Cualquier gran superficie cuenta con seis, ocho, diez variedades de este fruto y el consumidor elige la que más le gusta, pero no tiene ni idea de por qué esa clase en cuestión tiene la piel fina, el sabor dulce o la textura firme que han sido determinantes en su decisión de compra. En la mesa redonda surgió el mensaje de que «hay que pasar de un marketing amateur a uno profesional». Enrique de los Ríos insistía en que se necesita «marketing, marketing y más marketing» para que los compradores finales sean conscientes del trabajo que implica poner en la mesa los alimentos disponibles hoy en día.

Antonio Villarroel, director general de ANOVE, explicaba cómo, hasta hace poco tiempo, los obtentores vegetales actuaban como si los agricultores fueran su objetivo final, cuando en realidad es el consumidor. Es cierto que los obtentores han de atender directamente las necesidades de los productores, pero estos dependen de las exigencias de la distribución, que a su vez está obligada a ofrecer lo que el comprador final demanda. Por eso es tan importante que toda la cadena conozca el valor de ese primer eslabón que es la mejora vegetal.

Desafío: conectar con el consumidorDesafío: conectar con el consumidorTambién se tocó el espinoso asunto de la tecnología. «Somos la única industria en la que el uso de la tecnología está mal visto. Cualquiera puede vender el último modelo de lo que sea que fabrique como un avance tecnológico, pero si se hace con un tomate el consumidor recela», recalcaba Villarroel. Sin embargo, la tecnología tiene mucha culpa de la gran disponibilidad de alimentos que existe actualmente. Lo que antes se hacía con décadas o siglos de selección, ahora se planifica y se consigue en diez años gracias precisamente a los avances tecnológicos y científicos.

Asimismo, salió a relucir el problema de los organismos modificados genéticamente (OMG). El consumidor tiende a relacionar cualquier avance en el campo de las variedades vegetales con este polémico asunto, y nada más lejos de la realidad. No es lo mismo la edición genética, en la que se seleccionan o descartan los genes de una única especie para conseguir una nueva variedad, con la modificación, en la que se añaden genes de una especie a otra para conseguir el resultado deseado. Y ahí, según se reconocía en la mesa redonda, también ha habido una falta de comunicación por parte del sector y un gran éxito por parte de organizaciones como Greenpeace en sentido contrario. Vicente Navarro dejaba claro en una de sus intervenciones que «hay que usar la tecnología, pero con cabeza; solo si tiene sentido».

Tras la charla de David del Pino y el debate posterior, se pudieron sacar algunas conclusiones. En primer lugar, la mejora vegetal lleva años de trabajo e ingentes cantidades de dinero invertidas que han redundado en beneficios para el conjunto de la sociedad en forma de mayor cantidad y calidad de alimentos disponibles. Pero la otra cara de la moneda es la invisibilidad del sector para el consumidor final, que no alcanza a comprender cómo las empresas obtentoras condicionan para bien su cesta de la compra; incluso se llega a tener una visión negativa de los procesos empleados para crear nuevas variedades, sin duda por el desconocimiento que existe acerca de todo lo relacionado con el sector. Y para luchar contra ello no queda más remedio que comunicar, de manera cercana y accesible, cómo se trabaja, con qué fin y qué consecuencias tienen los resultados obtenidos en la alimentación diaria de la población.

 

Algunos ejemplos de mejora vegetal.

En el Thematic Day organizado por ANOVE en Mercabarna se pudieron ver 'in situ' algunas nuevas variedades conseguidas por las empresas obtentoras. Sin ir más lejos, los hermanos Torres emplearon en su showcooking Crü®, el primer calabacín ideal para consumir en crudo gracias a su textura y sabor suave y nada amargo que además aguanta fresco después de la cosecha más tiempo que un calabacín normal. También se pudo ver el pimiento Celta®, una variedad de pimiento tipo padrón, tierno y de sabor suave, que garantiza que no vamos a encontrar ninguno picante gracias a la mejora vegetal; en este caso unos no pican y otros tampoco. Sunions® es la primera cebolla que garantiza que, en la cocina, no va a hacer llorar al cocinero al pelarla o partirla como ocurre con otras variedades. Estos son solo algunos de los alimentos que ya se pueden encontrar en el supermercado y que ofrecen ventajas para el consumidor respecto a los tradicionales. Ahora solo falta que, al adquirirlos, el comprador sea consciente del gran trabajo y la enorme inversión que hay detrás.

 

Showcooking de los hermanos Torres.

Esta pareja de mediáticos cocineros ofreció en Mercabarna, al terminar el acto, una demostración para los asistentes en la que emplearon variedades de verduras obtenidas gracias a la mejora vegetal. Los dos hermanos alabaron este sector, al tiempo que se mostraron sorprendidos por algunos datos que se les dio sobre la marcha, como que para conseguir una nueva clase de calabacín, pimiento o tomate, por poner ejemplos al azar, hacen falta alrededor de diez años de investigación. Los Torres animaron a las empresas presentes a continuar con su trabajo, pues gracias a él los chefs y los consumidores en su casa pueden disponer de productos específicos, con unas propiedades que los hacen más interesantes para ciertas preparaciones, que aportan más sabor o que mejoran la textura de los platos, entre otras cosas. Los cocineros finalizaron el acto ofreciendo un almuerzo a todos los presentes.

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