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Todos acompañan a la Madre en su dolor

DP
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Integrantes de las hermandades con la misma dedicación mariana -La Soledad- de Paredes de Nava, Astudillo y Baltanás participaron en el gran homenaje de la ciudad a la Virgen

Todos acompañan a la Madre en su dolor - Foto: Sara Muniosguren

La Semana Santa de Palencia, cuya declaración de interés turístico internacional alcanza este año su décimo aniversario, celebró ayer, víspera del Domingo de Resurreccion,  una de las pocas procesiones que a nivel nacional tienen lugar en la jornada del Sábado Santo, La Soledad de la Virgen,  «uno de los grandes referentes del panorama penitencial de toda España», en  palabras de cofradía organizadora, Nuestra Señora de la Soledad, cuya junta directiva recalcaba que «la procesión se ha constituido como un homenaje de la ciudad de Palencia a la figura de la Madre de Dios». De esta forma, siete tallas de la Virgen procesionaron juntas por las calles del centro, en un homenaje que quiso extenderse a la figura de la mujer, de ahí que manolas y autoridades femeninas lucieron la banda dorada.

Este año, la procesión tuvo un carácter especial, ya que se convertió también en un hermanamiento con el resto de la provincia de Palencia, por lo que se invitó a sumarse al desfile al resto de cofradías palentinas que tienen su advocación en la imagen de Nuestra Señora de la Soledad. En esta ocasión, se hermanaron las cofradías de Astudillo, Paredes de Nava y Baltanás que, en la primera parte de la procesión, tras la salida del paso titular acompañado de la Banda de cornetas y tambores de la Santísima Trinidad, fueron recogidass por los hermanos de la Soledad en el palacio provincial.

José Javier Frías de la Fuente, en nombre de la Soledad de Astudillo, calificó de «muy importante» el hermanamiento, «porque, a veces, parece que la provincia estamos dejados de la mano, y la procesión del Viernes de Dolores que hacemos creo que es única».  «Venimos orgullosos  y muy agradecidos a la Soledad por que nos haya invitado», incidió. Comentó que, si bien hubo tiempos por encima de 400 cofrades, «ahora somos unos 80, gente muy mayor muchos de ellos.

Todos acompañan a la Madre en su dolorTodos acompañan a la Madre en su dolor - Foto: Sara MuniosgurenPor parte de La Soledad de Paredes de Nava, Sara  Infante, destacó que recibieron la invitación «con mucha ilusión y el ánimo de compartir cómo vivimos cada uno nuestra Virgen de la Soledad, nuestra cofradía». En la suya, con una    antigüedad de más de 100 años,  la media de edad supera los 70, pero «también es cierto que en los últimos tres años se ha incorporado gente más joven y se están movilizando las cosas». «Estamos en un momento para dar un paso adelante y poner al día la Semana Santa y las tradiciones», sostuvo. 

En nombre de La Soleddad de Baltanás, Lourdes Doce, aseguró que era un orgullo y que estaban  muy emocionados y contentos. «Vamos ahí, recogiendo, pero nos cuesta. Somos unos ochenta y tantos con una media de edad bastante avanzada», comentó, a la vez que explicó que los tres más jóvenes partipaban en la procesión.

Esta adelantó su salida a las 19 horas para que la carroza de la Virgen se acercase hasta el edificio de la Diputación para celebrar la unión de los hermanos de la Soledad. Después, continuó hasta la plaza Mayor, donde esperaba el resto de las cofradías de la capital con las seis imágenes marianas restantes: Nuestra Señora de la Vera Cruz, Nuestra Madre Dolorosa, Virgen de los Siete Dolores, Nuestra Madre la Virgen de la Amargura, Nuestra Señora de los ángeles y Nustra Señora del Perdón -con nueva puesta en escena con andas llevadas por  28 cargadores, 14 por varal de cinco metros-. En en ese punto fue donde se retomó la procesión, que finalizó en la plaza de San Francisco con el canto popular de la Salve.

Del dolor.  Nuestra Señora de la Vera Cruz, en esta ocasión ataviada de riguroso  luto y al pie de una cruz desnuda, en unas andas distintas a las del Jueves Santo, protagonizó la procesión del Dolor que, al llegar a la plaza Mayor, se incorporó a la de la Soledad de la Virgen. Al  finalizar esta regresó a la capilla de la Vera Cruz donde tuvo lugar un acto y oración de despedida. Antes de la procesión, en el Ofrecimiento del  dolor, se pudo escuchar el testiminio de dos refugiados ucranianos acogidos en Paredes de Nava que  han vivido en primera persona la sinrazón de la guerra de Ucrania.