scorecardresearch
Jose Luis Ibarlucea

Jose Luis Ibarlucea


Comprensión

01/07/2022

Todo aquel que escribe debe vivir con el lector en una especie de patria común, constituida por las lecturas, la sociedad, las instituciones, las relaciones personales, las costumbres, los símbolos… para que el milagro de la comprensión se produzca. Sin embargo, a veces tengo la impresión de vivir en mundos paralelos, donde lo que para mí es real para el otro es virtual, lo que para mí es propaganda para el otro es cultura… La consecuencia es que, aunque las palabras que utilizamos son las mismas, lo que cada uno entiende es distinto. Los grandes conceptos como verdad, justicia, democracia… se han vuelto relativos al mundo del sujeto que los usa. La comprensión es cada vez más un milagro inesperado.
Uno de los instrumentos que más están colaborando activamente en la difuminación de la realidad comprensible son los medios digitales con pantalla. Según nos cuenta M. Spitzer, siquiatra y profesor de la universidad de Ulm, en Demencia digital, libro que fue número uno en 2013 en Alemania; los medios digitales impiden la formación del cerebro y le hacen rendir por debajo del nivel posible. Estos no afectan sólo al pensamiento, sino también a voluntad, a las emociones, pero sobre todo al comportamiento. La dificultad en la concentración, la voluntad noqueada por lo inmediato, la imposibilidad de la reflexión son consecuencias del moldeamiento de un cerebro que se adapta a las nuevas situaciones. Un dato curioso es que algunos casos de trastornos de atención e hiperactividad, que son una plaga en los centros educativos, pueden tener su origen en estos medios digitales. Si las conclusiones de este autor están en el buen camino, esto explicaría que obras como Don Quijote sean para los adolescentes digitales un Everest insalvable. ¿La cultura que nos espera es la de los emoticonos? ¿Es la cultura de los multimundos donde nada es lo que parece o lo que parece es la realidad?
Si este verano quieren que el milagro de la comprensión florezca, dediquen tiempo a los abuelos, a los hijos… relaciónense con sus vecinos, utilicen los juegos de siempre y si disponen de un poco de huerto desentumézcanse, abandonen por unos meses los dispositivos móviles y su cerebro se lo agradecerá.