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Javier Santamarina

LA LÍNEA GRIS

Javier Santamarina


Harry Potter y la piedra filosofal

27/05/2022

Ante la invasión rusa es imposible encontrar consuelo intelectual, ya que a la decepción por la agresión se une la irritación por la dejadez occidental. Nadie salvo el despistado Donald Trump le dedicó cinco minutos a dicha posibilidad, mientras que el listísimo Emmanuel Macron afirmaba que la OTAN estaba en muerte cerebral y Alemania destilaba la prepotencia moral que le acompaña en las últimas décadas.

En caliente, es complicado entender en sus justos términos las consecuencias de las decisiones que tomamos. Se comprende las prisas suecas y finlandesas por encontrar cobijo bajo el manto protector de la OTAN, ya que Ucrania ha sido un aviso. Pese a lo que diga Úrsula o Josep, cuando las cosas se ponen difíciles, estar en la UE no sirve de mucho y si estás fuera solo ganas EUROVISIÓN.

Pese a la propaganda bélica, la guerra no ha acabado y es prematuro afirmar quién va a ganar o qué es una victoria. La resistencia ucraniana está siendo meritoria e inesperada, pero ha sido siempre un error histórico subestimar la potencia militar rusa. Es innegable que el ejército ruso no está capacitado para llevar con éxito una invasión a gran escala de un país tan grande y poblado; sin embargo, su capacidad destructiva es real y está plenamente operativa.

La OTAN es una institución militar defensiva, garante de la paz en el continente, pero el artículo 5 es tan claro que obliga a responder a un ataque a uno de sus miembros. Esta peculiaridad limita la soberanía de los socios al forzar a defender de cualquier agresión. Su sentido era demostrar a los rusos que el compromiso norteamericano era absoluto.

La solicitud de ambos países parece lógica desde su perspectiva. Los miembros de la UE la comprenden con naturalidad. El problema es que nuestros actos ante la invasión rusa no coinciden con dicho compromiso. Hemos excluido el envío de tropas, seguimos comprando energía a Rusia y nos paramos justo en el límite donde nos pueda hacer daño la acción.

Para aceptar la incorporación debemos estar dispuestos al riesgo que conlleva, porque Finlandia tiene 1.400 kilómetros de frontera con Rusia. No podemos actuar confiando que todo va a salir bien, porque es irresponsable. Si no estamos capacitados para defender a Ucrania con todas nuestras fuerzas, debemos cerrar las puertas a la OTAN. Si no lo hacemos será la muerte real de la organización y Macron habrá acertado.