Enseñar español en Seattle en plena pandemia

J. Benito Iglesias
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Noelia García de Alcañiz regresó el lunes a la capital tras nueve meses de experiencia como profesora ayudante en un colegio, acogida por una familia a través de un programa de la UVa

Enseñar español en Seattle en plena pandemia

Noelia García de Alcañiz, que ayer cumplía 24 años rodeada de su familia en la capital, regresó el lunes tras un largo viaje desde Norteamérica, no sin antes sortear ciertos problemas con la compañía aérea contratada para volar y una cancelación superada con un reembolso del billete y el cambio de aerolínea. Su cumpleaños -aunque confinada y en cuarentena obligada de14 días salvo el alivio de los paseos en el horario autorizado- al menos sí ha podido celebrarlo en casa tras nueve meses como profesora ayudante de español en un colegio de educación infantil de Seattle, tras graduarse en Magisterio el pasado curso.
«Los dos últimos meses estuve aislada con mi familia de acogida y sus dos hijos de 4 y 7 años por la pandemia con una buena convivencia. Me tocó hacer tareas de entretenimiento mientras los padres teletrabajaban. El 11 de marzo cerraron las aulas, las calles estaban vacías y se iba al supermercado con mascarilla y guardando las distancias. Seattle es muy lluviosa y quedarse en casa es más llevadero. Estos días me dediqué a realizar videos tutoriales de matemáticas, ciencia y arte en un canal de YouTube para que los alumnos sigan aprendiendo», narra.
En su ciudad norteamericana, al contrario que en otras zonas del país, explica que la gente «se ha tomado muy en serio las medidas de protección», en un lugar donde la comunidad latina es amplia «y sus trabajos de limpieza doméstica o en restaurantes de comida a domicilio les ha expuesto a un mayor riesgo de contagio de  Covid-19».
Enseñar español en Seattle en plena pandemiaEnseñar español en Seattle en plena pandemiaprecupación inicial. Noelia no lo pasó bien en los inicios de la pandemia ya que como apunta «tenía la cabeza más en España que en  Estados Unidos», preocupada por su familia. «Mi padre no ha dejado de ir a trabajar pero al decirme que toda la familia estaba bien me quedé más tranquila. Luego en abril, con los mensajes de Donald Trump como lo del vasito de lejía para el coronavirus, los preocupados fueron mis padres», señala sonriendo.
La vuelta a casa se materializó el domingo volando cuatro horas de de Seattle a Dallas, donde hizo escala de cinco horas para coger otro avión que llegó a Madrid nueve horas después. Allí Noelia aterrizó con una mochila cargada de experiencias. «El reposo mental ha sido grande y al subir en Dallas al avión firmamos un papel con nuestros datos y preguntas relativas a si estuvimos hospitalizados y, algo que me sorprendió, si hubo contacto con animales. Al llegar entregamos el cuestionario con la indicación de tomarnos la temperatura en casa dos veces al día. Nos llamarán a los cuatro días para ver si teníamos síntomas», concluye.