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El Jubileo Dominicano se inicia a la voz de «¡Ve y predica!»

Carlos H. Sanz / Palencia - domingo, 8 de noviembre de 2015
La procesión con la talla de Santo Domingo de Guzmán discurrió desde el Monasterio de Nuestra Señora de la Piedad hasta laiglesia de San Pablo iluminada por cirios y velas. - Foto: Sara Muniosguren
Una ceremonia, una procesión y una eucaristía dan comienzo a la conmemoración de los 800 años de historia de la fundación de la Orden de Predicadores

La Orden de Predicadores y la comunidad religiosa de San Pablo celebraron ayer la apertura del Año Jubilar Dominicano, con el que se conmemora los ocho siglos de la confirmación de la Orden por el Papa Honorio III. Una celebración especial para Palencia, ya que la ciudad cuenta entre sus huéspedes ilustres al santo castellano Domingo de Guzmán.
El Monasterio de Nuestra Señora de la Piedad acogió el primer acto de la ceremonia de apertura, en el que se leyó el mensaje del Maestro de la Orden, Fray Bruno Cadoré, directamente enviado desde la Basílica de Santa Sabina, en la que se arraiga la predicación de Santo Domingo.
«Santo Domingo amaba orar aquí, amaba contemplar, hablar a Dios. (...) Y además, él amaba también, según se cuenta, hablar a Dios de aquellas y aquellos que había encontrado, con quienes había hablado del Evangelio de la Paz», leyó el fray Luis Rodríguez, prior del Convento de San Pablo de Palencia.
«Salir a predicar era, para  él, predicar la unidad entre aquellos que creen y aquellos que no creen; la unidad de todos, porque todos somos capaces de una misma comunión. Esto es lo que Domingo quería anunciar», señaló fray Luis Rodríguez.
«El Jubileo en la Orden consiste en esto: predicar el Evangelio de la paz es predicar la vida dada en abundancia por un Mesías crucificado. Entonces, él sale y va al encuentro de todos aquellos y aquellas hacia los cuales Cristo lo precede», continuó fray Luis, para poner fin a este mensaje con el lema para este Jubileo: «¡Ve y predica!».
Tras estas palabras, las campanas de todas las iglesias, parroquias y monasterios de la capital repicaron anunciando la solemne apertura del Año Jubilar Dominicano. Al mismo tiempo, una procesión con la comitiva de la comunidad religiosa de San Pablo se dirigió hasta la Iglesia conventual de San Pablo, donde el administrador diocesano, Antonio Gómez Cantero, ofició Solemne Eucaristía del Año Jubilar Dominicano.
«Hoy, 7 de noviembre de 2015, todas las provincias y todas las comunidades locales, conjuntamente con todas las ramas de la familia dominicana, hemos sido invitados a celebrar solemnemente una ceremonia de fe para abrir el Jubileo de los 800 años de historia de la fundación de la Orden de Predicadores», comenzó su homilía.
Gómez Cantero destacó de estos ocho siglos «la mucha vida evangélica, mucha fraternidad y muchos desvelos por la predicación y misión evangelizadora». «Esta fuerza de la Palabra hace que el ministerio de la predicación vaya también asociado el ministerio de la conversión y la penitencia», sostuvo.
De la Orden de Predicadores,  destacó el administrador diocesano «la predicación directa, la evangelización en tierra no cristiana, la enseñanza y el estudio constante en la pasión por la búsqueda de la Verdad, el perdón y la misericordia».
«Cuánto tenemos que agradecer no sólo los laicos, sino también el clero secular, la labor de los hijos de Domingo, en nuestra renovación teológica (la mayoría del clero entonces era bastante inculto) y en nuestro cambio de costumbres hacia la santidad de vida», reconoció.
«Allí donde hay un dominico hay un grupo de personas que al igual que Santo Domingo, creen que Jesucristo es la verdad que nos hace libres y el camino por el cual todo el mundo puede recibir la bendición de la amistad con Dios y la vida eterna. Aquí, en san Pablo, también hay un grupo de jóvenes, que a contracorriente buscan a Dios allí donde la verdad se pueda encontrar», manifestó Gómez Cantero en su homilía.
El administrador diocesano finalizó su homilía invitando a los hermanos y hermanas a ser «ejemplo de una vida común de oración y estudio; de pobreza evangélica para dar respuesta a la misión evangelizadora». «¡Comunicadnos y animadnos a contemplar con vosotros el misterio de Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo! ¡Feliz y Santo Jubileo!», vitoreó.

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