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Gente de Palencia. Juan Martínez

>Para escribir poesía con calidad hay que olvidarse de todo lo demás<

A. Acitores - lunes, 30 de julio de 2012
- Foto: Esther Paredes
Juan Martínez Pastor, poeta venteño, acaba de publicar 'Palencia, la ciudad y la noche'

Lleva usted escribiendo toda la vida
Ya a los 15 años escribí con mi amigo Andrés Quintanilla una obra de teatro en verso que se titulaba La Parda Tierra. No sé si habrá algún verso aprovechable de aquello... Pero, en fin, fue un alarde de posibilidades. Empezamos pronto, sí. En Venta de Baños, un grupo de chicos fundamos la Revista Juan de Baños, a la que luego se juntaron poetas como José María Fernández Nieto y otros. A diferencia de la revista que después fundaría José María, de más altura literaria, la nuestra tenía esa popularidad que daba salir en el pueblo y contar las cosas cotidianas y cercanas. Salíamos por allí un puñado bueno de gente: Antonio Álamo Salazar, Urueña o Rafael Oliva, el pintor, entre otros. Así estuve escribiendo hasta que, un buen día, sufrí un altibajo de esos que suceden y me fui a trabajar a Renault.

El día a día acaba devorando a la poesía
En cierto modo, sí. Para escribir poesía con calidad hay que olvidarse de todo lo demás. Si cuando escribes tienes hambre, ¿cómo matas ese bicho? Se te va toda la inspiración si estás pensando en un bocadillo de tortilla. En Renault no se habla de otra cosa que de coches. ¡No me hables allí de poesía!

¿Y cómo regresó?
Tuve algunas interrupciones en este vacío y, un buen día, un muchacho de Venta de Baños editó un pequeño periódico, llamado Cruce de Castilla. Se trataba de la adaptación de una idea que un sacerdote de un pueblo del Cerrato -no recuerdo cuál- había puesto en práctica por aquel entonces, apoyándose en los emigrantes como clientela. En aquellos años, los primeros de los 70, España, Suiza y Alemania estaban llenos de gente de Venta de Baños. Y esos eran lectores fieles, así que mandábamos muchas revistas al extranjero. Contábamos lo que sucedía en el pueblo, pero también decidimos darle cierta calidad literaria. Ahí es donde entré yo.

Acaba de editar Palencia, la ciudad y la noche (MdS), pero tiene escritos muchos otros libros y poemas, por los que ha recibido varios premios
Tengo muchos, pero solo cuatro publicados. Por citar algunos, los cuentos El retorno imposible o Al otro lado, que recibió un premio... Este último libro, Palencia, la ciudad y la noche, lo tenía guardado desde hace tiempo y lo he editado a la primera ocasión que hemos tenido. Algunos poemas pertenecen a un libro antiguo, titulado Palencia, la ciudad y yo, que quedó finalista en el Premio Paz Maroto de poesía.
Y parte de ese libro está aquí, como los Romances palentinos, basados en la historia de la ciudad, a los que he añadido unas notas explicando aquellas leyendas. Además, he añadido otros poemas, como los que aparecen en La noche.

¿Qué tiene Palencia de inspirador para usted?
Oh, por Dios... Aquí estudié en el instituto, conocí a mi novia, me casé, anduve la Calle Mayor de arriba abajo, fui a ver el fútbol del Palencia, fui al cine miles de veces... ¡Todo! Cogíamos el tren en Venta de Baños y veníamos en cuanto teníamos ocasión. Recuerdo las tardes con Rafael Oliva, el pintor. Tomábamos cuatro vinos y él, en el mármol de la mesa del bar, garabateaba las ilustraciones para mis cuentos. Al anochecer, cuando me acompañaba a la estación de tren, solía llevarse la cámara fotográfica para hacerle fotos a la iglesia de San Miguel. Ponía el trípode y enfocaba a los árboles los días de luna, para tomar su luz a través de las hojas.
Por eso he escogido esta pintura suya para la portada y, en uno de mis versos, hablo de que busco a mis amigos a la luz de la luna.

¿Volverá a publicar pronto?
En unos meses saldrá otro libro en la misma editorial, MdS. Se titula Piel de Árbol y me lo premiaron hace dos años en Valladolid, en los Viernes del Sarmiento. Aborda un tema un tanto complejo: el reencuentro del hombre con la naturaleza, del poeta con el árbol. Reúne dos libros en uno, Piel de Árbol y Tiempos inútiles.

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