Diario Palentino
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16 de noviembre de 2018

Illa, Illa, illa, Padilla Maravilla

O. H. - sábado, 1 de septiembre de 2018
Illa, Illa, illa, Padilla Maravilla - Foto: Óscar Navarro
Los tendidos se despidieron con este cariñoso grito del Pirata en una tarde demasiado aburrida, en la que el de Jerez defraudó en el primero pero no falló en el cuarto y Ferrera puso la entrega y la torería

La de ayer en Campos Góticos fue una tarde triste. Sí, además de aburrida, fue triste, porque, aunque no es uno de los toreros que más ha lidiado en Palencia, (con la de ayer han sido 8 sus comparecencias junto a El Vial), a Juan José Padilla se le cogió mucho cariño en los tendidos, especialmente desde que sufrió aquel percance que mutó el Ciclón de Jerez al Pirata. Como decíamos, triste porque la de ayer fue la de su despedida de Palencia.
Así que no es de extrañar que antes incluso de que el primer toro hubiera visto cómo se abría su cajón, el jerezano ya había cosechado su primera ovación. De esas sentidas, de las que ponen los pelos de punta a quienes se la tributan. Gracias, decían ayer unos tendidos a medio vestir después de la opulencia y las sedas de la primera de abono.
La tarde comenzó, por cierto, con danzas tradicionales. El Grupo Jorge Manrique bailó en el centro del ruedo y recibió como agradecimiento una castañuela en forma de toro, como la que adorna los carteles taurinos de la feria.
El tedio del inicio. Como se sabe, del amor al odio no hay más que unos minutos, una mirada, un gesto... o un no gesto. Padilla abría cartel y, tras la carantoña del público, el respetable esperaba ver todo de él. Así que cuando pidió que el maestro banderilleara al primer toro del frío, y el diestro se negó, comenzó al cabreo que apunto estuvo de llegar a motín cuando, tras dar tres pases se dirigió decidido a la barrera a por la espada de mat... Ah, no... a echar agua a la muleta porque el viento molestaba, lo que calmó un poco los ánimos.  
Bien vio esa maniobra la presidenta de la Diputación Ángeles Armisén, en la barrera del 8, acompañada por el viceportavoz del Grupo Popular en las Cortes, Ángel Ibáñez y de Salvador Foronda, concejal de Hacienda del Ayuntamiento de Burgos. No en vano, el encierro era de un paisano, Antonio Bañuelos.
Ni con agua en el trapo la faena fue buena, así que silencio y que pase el siguiente y el sobrero. Porque el número 21 salió con tanto brío que se tronchó el pitón izquierdo contra la barrera. «Mira cómo sangra, a chorro», apuntaba un  espectador.  Y salió el 26, de nombre Grumetillo, y pronto dejó a las claras que no se lo iba a poner fácil a Ferrera. «¡Que te come! Menuda alimaña», comentaba un aficionado. Comentario que dio paso al grito de «me aburro» desde lo alto del tendido 2 ó 3. No sería el único. Y más por el hecho de que Ferrera renunciara a la tan demandada música y que, posteriormente, Adame, tuviera que espaciar tanto sus tandas para dar aire a un toro que clavó tres veces los pitones en el albero y se volteó otra vez. «Este humilla demasiado», bromeó otro espectador.
Y llegó el intermedio, con el bocata y el refrigerio. «Lo mejor de lo que llevamos de la tarde», afirmaba un hombre mientras se limpiaba las migas. También el parón se agradeció en el callejón, donde se dieron cita varios jefes territoriales de Servicio de la Junta, como Carmen Andrés (Sanidad) o José Félix de la Cruz (Agricultura).
Quienes además del bocata (si lo llevaron) tuvieron que comer algo de polvo porque no se regó el albero en la segunda parte, fueron los concejales y alcaldes invitados por la Diputación de pueblos como Osorno, Carrión, Población de Arroyo, Revenga de Campos; Valbuena de Pisuerga, La Serna, Quintanilla de Onsoña, Villamoronta, Pino del Río, Población de Cerrato, Reinoso de Cerrato, Santa Cecilia del Alcor, Saldaña, Hornillos de Cerrato o Villaumbrales.
Padilla, no te lo perdonaré. Y la rueda volvió girar, pero de otra manera, con otro ritmo. Padilla se entregó con el de su despedida. Desde el capote, cogió los palitroques, como le pedía el público, entre el que se encontraban varios miembros de la familia Margareto, y plantó tres pares que enardecieron al respetable. «Hay que reconocerle el valor que tiene y que otro lo hubiera dejado hace tiempo», reconocía un pequeño sanedrín. «Sí, pero lo que yo no le perdono es la hora que nos hizo perder aquella vez que no quiso matar al toro». De aquello hace ya una década.
Al final, tras escuchar el pasodoble El Pirata Padilla, y pese al puntillero que levantó dos veces al toro, el público premió la entrega del exciclón con una oreja. Y mientras se despedía tras la vuelta al ruedo con banderas piratas que le lanzaron de los tendidos, fue despedido al grito de Illa, illa, illa, Padilla maravilla. Un torero que ha marcado a Palencia, para lo bueno y lo malo.
Más faena fue la de Ferrera, comenzando desde el tercio de varas, con algo que pocas veces se ve en Palencia: El picador citando él solo al toro. Antonio Prieto lo hizo con calma, sin prisas ante un receloso astado burgalés. El público le brindó la segunda ovación más intensa de la tarde: desde que se señaló el cambio de tercio hasta que ganó el patio de cuadrillas. «Pues no ha saludado, no le habrá dejado el matador», se extrañaban junto a la Puerta Grande al verle pasar.
En su segunda, Ferrera dio el susto. No porque tuviera un percance, sino porque halló una piedra en el ruedo, y la tiró contra la barrera con tanta rabia que hizo un ruido por el que pidió perdón. Aceptó la música, eso vistió un poco más su faena, lo que le reportó una oreja, una vuelta al ruedo para agradecerlo, y el habitual surtido de Facundo que la familia propietaria de la empresa lanza al ruedo a quien corta trofeos.
Pero los gritos de «me aburro» volvieron a repetirse en un festejo largo de por sí. Porque Luis David Adame no pudo ni acercarse a lo que hizo hace un año en Palencia. «Mátalo, eso ya es perder el tiempo», le recriminaba un aficionado que al menos esperó en su localidad hasta que el toro dobló, porque muchos, en vista de que la tarde no daba para más, decidieron tomar las de Villadiego antes de que el hidrocálido pidiera el estoque. «Venga, por fin», suspiraron tras tres pinchazos y un descabello. Posiblemente no quedara nadie cuando Adame fue a recoger la montera después de una tarde aburrida, con apenas dos chispazos, que esperemos de paso hoy a un festejo del que muchos esperan sea el remate de la feria. Ojalá se vuelvan a llenar los tendidos, si no como el jueves, sí que estén muy cerca al menos. Eso esperamos.
 

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Illa, Illa, illa, Padilla Maravilla Óscar Navarro
Illa, Illa, illa, Padilla Maravilla - Foto: Óscar Navarro
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