Historia en grafito

Andrea Benito - domingo, 30 de diciembre de 2018
Historia en grafito
Vallejo de Orbó sigue luchando por hacer de su pasado minero una forma de mirar hacia el futuro @DeOrbo


«Entre el valle berezoso y el pandum porquerum, a los pies del Cocoto y del monte Terena, enclavada en el municipio más antiguo de España, comenzaba hace casi dos siglos una particular historia alrededor del carbón que nacía de las entrañas de la montaña. Desde mediados del siglo XIX, hasta las postrimerías del XX, de forma progresiva y a medida que la explotación industrial del mineral se iba extendiendo, la emergente comarca del Rubagón iba cobrando importancia económica, social y cultural dentro de la provincia de Palencia», recuerda y pone en antecedentes José Luis Ruiz, presidente de  la Asociación para la Recuperación del Patrimonio Industrial (ARPI). 
Alrededor de la explotación minera de Orbó emergió un poblado que llegaría a albergar a cerca de 2.000 personas. Cine, economato, hospital, lavadero, una iglesia de corte colonial... Nada faltaba en Vallejo, una localidad a la que, circunstancias del destino, el declive de la minería acabaría dejando en apenas 80 vecinos. 
Hoy en día, aquel pueblo con su historia escrita en grafito se resiste a desaparecer. Una obstinada lucha que protagonizan los habitantes de aquella aldea que nació al calor del carbón y también colectivos como ARPI. Unos y otros han encontrado en su pasado una forma de mirar hacia el futuro.
De esta forma, año tras año, el mes de diciembre se convierte en uno de los más emotivos para una localidad cuya patrona es, como en el resto de municipios mineros, Santa Bárbara. Ella es la protagonista y en torno a su imagen se celebran actividades como la Procesión de las Lámparas, un evento en el que este año participaron no menos de 500 personas que, con su presencia, volvieron a llenar de vida las calles de Vallejo de Orbó. El recorrido empezó en la Casa del Pueblo y concluyó en el castillete del Pozo Rafael, donde vecinos y visitantes rindieron homenaje a una profesión casi extinta. 
Acto seguido, y de vuelta en la Casa del Pueblo, el Coro Rubagón de Barruelo de Santullán fue el encargado de cantar una misa a la que siguió la tradicional degustación de sopas de ajo, un delicioso plato que, junto a una copita de vino, ayudó a los asistentes a hacer frente al frío que caracteriza a la localidad en la que, como dicen algunos, «nace el viento norte».
«La tradición de esta procesión se recuperó de la mano de ARPI en el año 2012 y, hasta su séptima edición, no ha dejado de crecer», apunta José Luis Ruiz, presidente de la asociación y una de las personas que más está haciendo para que el patrimonio industrial, la historia y la vida social y cultural de Vallejo sigan vigentes.
Esta es la línea que siguen otras iniciativas como la exposición de fotografías, herramientas y utensilios mineros que albergaba recientemente la mencionada Casa del Pueblo, un viejo caserón construido por los mineros de Vallejo a comienzos del pasado siglo XX que, en la actualidad, alberga un espacio expositivo acorde con un entorno patrimonial heredero de la minería.
«Rehabilitado progresivamente por el Ayuntamiento de Brañosera, viene usándose desde el año 2013 por la Concejalía de Cultura del Primer Ayuntamiento de España, ARPI, la Asociación El Fuero y el resto de agrupaciones del municipio, desarrollando una intensa actividad cultural con exposiciones, charlas, coloquios y proyecciones con las que Vallejo de Orbó se ha ido incorporando a la agenda cultural de la provincia de Palencia», apunta Ruiz, que también ha sido el impulsor de otras actividades como el Festival en Espacios Olvidados.
Con respecto a la muestra organizada por ARPI en colaboración con el Centro de Interpretación de la Minería de Barruelo y el Museo de la Siderurgia y de la Minería de Sabero (León), a principios de mes logró acercar hasta el público imágenes, herramientas y otros enseres y artilugios procedentes del pasado minero de la cuenca.
Otra de las grandes apuestas de la asociación en los últimos años ha sido la puesta en marcha del Concurso de Ollas Ferroviarias, una iniciativa que en esta ocasión alcanzaba su tercera edición con más de sesenta participantes llegados desde Cantabria, elPaís Vasco y Castilla y León. 
Cocineros, más o menos experimentados en la materia, que deleitaban el paladar de los asistentes con un tradicional guiso a base de alubias rojas con chorizo y tocino que surgió vinculado a La Robla, el ferrocarril que hace años transportaba el carbón desde las cuencas mineras palentinas y leonesas hasta los altos hornos y factorías del País Vasco.
folclore. La cita acogía también la actuación del grupo folclórico Los Peralos que, llegados desde la vecina Comunidad de Cantabria, se encargaron de amenizar el certamen y la posterior comida con la música tradicional que emiten instrumentos como el pitu, la gaita, el tambor o el cuerno foramontano.

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