El argentino Quintín Cabrera cantaba en un tango que las ciudades son libros que se leen con los pies. Enrique Delgado, profesor de Geografía del Campus de Palencia, no sólo ha leído Palencia con los pies. También ha paseado sus ojos y su intelecto por todo el archivo municipal referente al urbanismo de la ciudad, con el fin de desarrollar su tesis sobre la evolución de la capital entre 1950 y 2010.
Un ingente trabajo, de medio millar de páginas, desarrollado durante años que vio su culminación el pasado 10 de febrero, con la lectura de la tesis. Delgado destaca, como elemento diferenciador de Palencia respecto a otras ciudades, un aspecto negativo de nuestra evolución urbana: la destrucción del casco histórico. Ello nos ha llevado, comenta, a una pérdida casi total de referentes en los que mirarnos. «No sabemos cómo era la ciudad hace dos siglos. Quedan los monumentos, pero eso no es casco. Sólo nos queda la Calle Mayor», que se ha conservado a pesar de la construcción feroz de altos edificios de los años 70. Delgado pone un ejemplo de la escasa conciencia conservadora que durante este medio siglo ha caracterizado a los palentinos. «Se han hecho 10.000 viviendas desde 1960 hasta el 2000 en el centro de la ciudad. Apenas tenemos 150 edificios anteriores a 1900».
Pero la ciudad también tiene señas de identidad de las que sus habitantes pueden sentirse orgullosos, como el Monte El Viejo, un pulmón, un referente y «una joya medioambiental de 1.400 hectáreas», o la ribera del río Carrión, que no se ha valorado hasta fechas muy recientes. «Hasta hace poco hemos vivido de espaldas al río, ignorando la margen derecha».
Delgado explica que se dejó de lado el cultivo de las tierras de la ribera, pensando en su mayor rentabilidad como suelo urbanizable. «Por eso la margen derecha daba ese aspecto de pobreza: se tiraban escombros, se echaba a perder la vegetación... Pero gracias al acuerdo entre las fuerzas políticas fue posible salvar esos dos jardines tan importantes de Isla Dos Aguas, el deportivo y el espacio verde, que siempre quedarán para la ciudad».
ferrocarril. En su estudio, Enrique Delgado analiza los Planes Generales de Ordenación Urbana de 1956, 1974, 1992 y 2008. Y ya en el primero de ellos se habla del soterramiento del ferrocarril, una especie de barrera funcional y social en medio de la ciudad.
«En el tiempo en que empieza mi estudio, en 1956, ya se hablaba del soterramiento, diciendo que se estaba negociando y se iban dando pasos con el Ministerio... Y en el tiempo en el que acaba, 2010, se dice exactamente lo mismo. Yo creo que ya no podemos dejar más esta cuestión».
A pesar de su escaso potencial industrial, la ciudad ha sido «una aspiradora de la provincia» que principalmente ha absorbido población de Tierra de Campos. «La gente de El Cerrato marchó a Valladolid; de la Montaña se emigró a Cantabria, Burgos y País Vasco y, de la zona de Saldaña, muchos marcharon a Burgos y León», señala. El problema, afirma, es que «Tierra de Campos quedó exhausta» tras esa emigración.
Y, por su parte, la ciudad ha dado la espalda a su entorno rural, un error que ahora comienza a pagar. «Para poder nutrirse del medio rural, debería haber sido la primera interesada en impulsar proyectos de desarrollo y de cooperación con los pueblos del sur para atraer industria. Si hubiéramos logrado que se mantuviera cierta dinámica económica en los pueblos de alrededor, habría sido beneficioso para todos».
Otro punto flaco en la vida reciente de la ciudad ha sido no desarrollar el sector industrial, en el que en la actualidad apenas trabaja un 10 por ciento de los palentinos. «En lugar de invertir en industria para el futuro, hemos destinado el dinero a especulaciones cuyos beneficios son más rápidos y no nos hemos sabido beneficiar de estar en el corredor más importante de Castilla y León, el más activo y el mejor dotado económicamente». Al mismo tiempo, se ha dejado de lado el sector agroalimentario, que tradicionalmente había sostenido la economía de la ciudad.
FUTURO. Hoy, la lacra más importante que arrastra Palencia es el éxodo de sus jóvenes, que se llevan consigo su potencial demográfico. Y es que «la ciudad no ha sido capaz de proporcionar un contexto que favoreciera los planes de vida de los jóvenes, sobre todo de aquellos que tienen mayor cualificación».
De cara al futuro, Delgado propone que la ciudad «se convierta en lo que sus ciudadanos desean que sea». Un lugar en el que se valoran potencialidades como su seguridad, su comodidad o su calidad de vida, donde se apoyen las iniciativas emprendedoras, sobre todo las que creen industrias para el futuro. «En Francia, por ejemplo, hay ciudades que se nutren de las personas con cualificación que prefieren establecerse en un entorno cómodo a vivir en París o Marsella», comenta. Y ésa es precisamente la potencialidad de Palencia. «Una ciudad no es sólo las calles, las carreteras, los edificios... La ciudad son también los niños, los abuelos, los trabajadores, las fábricas y los escaparates».