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jueves, 23 de octubre de 2014
Provincia

El silencio del "Berruguete"

L. Calderón / J. Liébana - domingo, 07 de abril de 2013

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Felipe Nicolás inauguró en 1935 la decimoquinta sala de exhibición cinematográfica de la provincia en Paredes de Nava. La sala, que acogió también actos teatrales, sociales y políticos, cerró en 1983


La noche transparente / gira / como un molino / mudo, elaborando / estrellas. / Tú y yo entramos / al cine /del pueblo, lleno de niños / y aroma de manzanas. Sirva este fragmento de la Oda a un cine de pueblo de Pablo Neruda para resucitar  la magia y el encanto del Cine Berruguete de Paredes de Nava. Permanece cerrado desde el 20 de enero de 1983, festividad del patrono de la localidad, San Sebastián. Aquella tarde de hace 30 años se proyectó La furia de los 7 tigres, una película de kung-fu  que simbolizó el golpe fatal a una sala  cinematográfica cuya andadura se inició  en 1935, en otra fecha de especial significación, el día de Carejas, fiesta de la Virgen protectora de la villa. Ahora aquel lugar emblemático donde los paredeños reían, lloraban y amaban resiste callado, pero el tiempo, ése tan de Jorge Manrique, se ceba incluso con el descascarillado  letrero en el que aún se lee Berruguete.
Cuando Felipe Nicolás inauguró en 1935 la decimoquinta sala de exhibición cinematográfica de la provincia en Paredes de Nava, la capital tenía 39.000 habitantes y la localidad 4.500,  por lo que era la segunda más populosa, sólo superada por Barruelo de Santullán.  Sumaban 630 butacas, repartidas a partes iguales entre Patio y General o Gallinero, en unas  instalaciones completísimas, con palcos, aseos, camerinos, un escenario de unos 150 metros cuadrados y un frecuentado ambigú.  En la villa, cuna de prestigiosos creadores, no tuvieron dudas y  bautizaron el nuevo establecimiento con el apellido de Pedro y Alonso, pintor y escultor oriundos de la villa  con un  relevante puesto en el universo artístico. Casi un cuarto de siglo atrás, en 1911, Ricciotto Canudo etiquetó al cine como el séptimo arte, pues lo veía como «un arte plástico en movimiento»,  así que  parece todo un acierto que el local donde se iban a visionar miles y miles de fotogramas  invocara a la saga de artistas que tuvo también una columna en Inocencio.
De  la familia a la que pertenece el cine, Maruja Hervás, viuda de Daniel León (nieto de Felipe) asegura que fue «muy doloroso» tomar la decisión de cerrar. «Lo pasamos muy mal», subraya, porque «había sido nuestra vida».  «De joven y aún soltera, la primera vez que fui al baile fue precisamente en el Berruguete», recuerda.  Esas instalaciones tuvieron también otros usos, además del cinematográfico. «Aquí - comenta- actuaron las principales figuras de la canción española,  como Paquito Pérez, Antonio Molina, Juanito Valderrama, que estuvo tres veces, Antoñita Peñuela o La Niña de la Puebla, que en una segunda actuación, ciega como era, se acordaba de cómo era  aquello». La contratación, explica,  era directa, y se cerraba tanto en casa como en Madrid.  Dado su importante aforo, el  Berruguete sirvió además como escenario de múltiples actos culturales, sociales y políticos.  Por su escenario desfilaron  agrupaciones   locales y compañías de teatro, algunas tan afamadas como las de Pablo Sanz y Asunción Villamil, Carmen de la Maza o Luis San José. Acogió también espectáculos de variedades, zarzuelas, pregones, mítines políticos e incluso el Día de la Provincia.
Del ritual  previo a las proyecciones, apoyado en la exhibición  del preceptivo Noticiero Español, el NO-DO,  no  puede olvidarse que en una de sus emisiones se  vio a Don Alejandro de  guía  para  toda España por el Museo Parroquial de Santa Eulalia,  primero de estas características en nuestro país y que hoy es tan difícil poder visitar por aquellos que con esa intención se desplazan hasta Paredes de Nava.
Maruja Hervás controlaba la taquilla, pero allí trabajaban varias personas: había dos cortadores de entradas, un acomodador, el operador de cabina y quien llevaba el ambigú, muy frecuentado pues entonces en las películas siempre había  descanso. Recuerda que las sesiones eran diarias, salvo los miércoles y viernes. Los fines de semana había una infantil a las cinco de la tarde y para adultos, a las nueve y las once de la noche.
Sobre los gustos cinematográficos, la viuda de Daniel León apunta que las películas del oeste eran las preferidas del público, junto con las de artes marciales. Las de temática religiosa tenían  una  especial  buena  acogida  entre la etnia gitana.   A la hora de programar, explica que lo hacían según  lo que ofrecían los viajantes, con catálogos de títulos  que había que coger por página completa.  Relata  que  cuando alguna vez no había llegado la película, recurrían  a la familia Calderón de Palencia, que era la propietaria de los Cines Don Santiago y Principal de la capital. También mantenían  una muy cordial  relación con los del Otero. A los Margareto les compraron butacas del Ortega que fueron al Gallinero, que se volvió más caro que el Patio con el cambio de mobiliario.
Del cúmulo de anécdotas y buenos recuerdos que guarda, con una sonrisa en los labios Maruja Hervás cuenta que «los espectáculos tipo revista tenían muy buena aceptación. Había un grupo de señores que me decía ¿vienen en carne?, porque si era así reservaban las primeras butacas, que en película no era lo mismo».  Con satisfacción comenta el éxito que cosechaban cuando, en tiempo de Lotería, regalaban 25-50 céntimos con la entrada. Su anecdotario contiene también un hecho de un Viernes Santo, cuando tuvieron que devolver la entrada porque el operador de cabina, que era penitente, no se presentó y no hubo manera de realizar la proyección.
Respecto a trámites y cumplimiento de la legalidad, mensualmente había que dar cuenta al organismo de Protección de Menores de aquella época de las entradas vendidas. «Una vez que disponías de las entradas encargadas a la imprenta, se pasaban por la calle Becerro de Bengoa (donde estaba Menores) y las taladraban cada vez de diferente manera, para cada película en concreto. Después había que dar cuenta de las vendidas en un formulario, de tamaño A3 o superior,  con las funciones (sesiones de visualización de la película), días, películas y entradas vendidas». Además, un inspector podía pasarse a comprobar el buen cumplimiento de las hojas, para que las tasas que se aplicaban fueran las correctas. Ese mismo organismo controlaba las de Autores, similar a la actual SGAE».
 Ismael Marcos, alcalde de Paredes de Nava entre 1966 y 1973, recuerda que en el cine tenía un asiento reservado como máxima autoridad local, conforme al desempeño de responsabilidades propias del cargo. Así, alude a que, ante el enfado por los cortes durante las proyeccciones que los espectadores manifestaban con gritos y palabrotas, se hizo necesario colocar carteles que prohibían blasfemar, acto que se multaba con 50 pesetas.  Ese aviso también  llegaba a los bares, que «eran los que más tarde cerraban de la provincia, a las tres de la mañana a diario». «Se corrigió», comenta, al tiempo que refiere que  una mujer y su hijo pidieron para el cabeza de familia más calabozo después de tres o cuatro sábados de arresto voluntario, o la frase «cobra esta badana -billete de cien pesetas-, que voy a echar otra (blasfemia)».

Visita ministerial. Ismael Marcos,  alcalde de Paredes de Nava entre 1966 y 1973, recuerda que en el ‘Berruguete’ el ministro de Trabajo, Jesús Romeo Gorría, anunció el 5 de octubre de 1969 la inminente promulgación de la Ordenanza Laboral Agraria y la extensión de la asistencia sanitaria de hospitalización quirúrgica a los trabajadores autónomos y pensionistas  del campo. Romeo Gorría presidió la Asamblea Nacional de la Mutualidad Nacional Agraria de la Seguridad Social, que por primera vez salía de la capital de España. «Habían llegado unas 7.000 personas, de Palencia y provincias limítrofes. El cine estaba abarrotado. Los demás lo siguieron a través de la red de altavoces montada entre el cine y ‘Santa Eulalia’».  Durante  el  recorrido del ministro por las calles se prodigaron frases como «Palencia, primera universidad de España, pide una universidad femenina».

'Los Padres'. El gusto cinematográfico también se cultivó en Paredes en el conocido como cine de los Padres. Sobre los primeros años habla José Aumente, en la actualidad párroco de la villa y que vivió aquellos tiempos iniciales. Recuerda que oficialmente la Casa del Sagrado Corazón de Jesús se fundó el 13 de enero de 1963 e, inmediatamente, el último domingo de ese mes, empezaron las proyecciones. Se vio Madre India. El día de Navidad de 1964 se inauguró el cine-cine, que tenía unas 400 butacas, con la cinta Han robado una estrella.  Aumente explica que todas las semanas se proyectaba una nueva película y en las fiestas del pueblo se daban todos los días tres sesiones -la última de madrugada-. La sala estaba dedicado a San Juan Bosco y una entidad afín a la Iglesia a la que estaban asociados proporcionaba los títulos que se programaban.  Fray Escoba se dio de viernes a viernes en dos sesiones diarias y El derecho de nacer fue otro gran éxito, lo mismo que las películas de Marisol. Un gran fracaso resultó ser, un día de la fiesta, Viaje en globo. «Más bien era un documental, superaburrido, además era en cinemascope y no funcionaba la lente. Las imágenes no solo no eran bellas, más bien todo lo contrario».

Futuro. En la película sobre el Cine Berruguete quizá no haya que descartar una segunda parte. Faltan los productores pero existe un equipo dispuesto a intentarlo. Hubo una tentativa  municipal hace  cuatro años por recuperar el espacio con la ayuda de la Diputación, que, a día de hoy, no  ha cuajado. Ahora es el grupo local Teatro Aldagón,  que organiza la Muestra teatral de la villa, el que retoma la idea. Su director, Arturo Sánchez, lamentaría que se  perdiera ese patrimonio cultural y explica que una dotación como ésa beneficia a Paredes, la comarca y la provincia. «Podría ser utilizada por los colectivos culturales del pueblo y también por grupos profesionales de teatro como lugar de ensayo».  A Aldagón, que tiene a su lado a la Coral Paredeña, se le ocurren múltiples usos, desde festivales del colegio hasta mítines, sin olvidar representaciones como los Autos Sacramentales y la Muestra de Teatro Aficionado. «Merece la pena intentarlo. Lo complicado es la compra del edificio, pero una vez adquirido, se podría rehabilitar poco a poco, con la ayuda de todos».  Pone como ejemplo la torre de San Juan, que se salvó gracias a la colaboración vecinal. Bien es cierto que «ni la situación ni el edificio -aquel era religioso- son lo mismo», pero cree que «la respuesta sería buena». El caso es que el tiempo  juega en contra: «Si en verano no hay noticias, el propietario, por motivos de seguridad, se verá obligado a  meter la pala, muy a su pesar porque el valor sentimental es muy importante», comenta.  En este sentido Arturo Sánchez plantea poner en marcha una plataforma a favor de la recuperación del Berruguete.

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