Las arcas de Grecia se encuentran casi vacías. Las ayudas internacionales no llegan, pues están a la espera de que el Gobierno determine su nuevo plan de recortes, y permanecen pendientes de devoluciones millonarias de préstamos, por lo que a Atenas, al borde del impago, solo le queda ahorrar 11.500 millones de euros en los próximos dos años para desbloquear el dinero de sus socios.
«Los fondos estatales están pendientes de un hilo», se sinceró hace unos días el viceministro de finanzas Christos Staikouras. En caso de quedarse sin dinero, Atenas no podría pagar a los empleados públicos ni tampoco cumplir con las prestaciones sociales.
Mientras el Gobierno de coalición busca vías para mantener el país en la eurozona «sin que los más débiles resulten afectados», la agencia de calificación Standard & Poor’s anunció ayer, a través de un comunicado, que mantiene la calificación de la deuda soberana griega en CCC, aunque la sitúa en perspectiva negativa ante la posibilidad de que el Ejecutivo heleno necesite «financiación adicional» este mismo año a causa del «empeoramiento» de su evolución económica.
«Debido a los retrasos a la hora de implementar las medidas de consolidación presupuestaria y el empeoramiento de la economía griega, consideramos que el país, probablemente, necesitará financiación adicional en 2012 bajo el programa de la Unión Europea y el Fondo Monetario Internacional (FMI)», señaló la calificadora. «La profundización de la contracción del Producto Interior Bruto (PIB) y el subsiguiente empeoramiento de su situación presupuestaria implican una mayor probabilidad de que necesite una inyección de liquidez por valor de hasta 7.000 millones de euros en 2012», agregó.
«Hemos revisado la perspectiva a largo plazo de Atenas a negativo -anteriormente estaba en estable- en base a la posibilidad de una rebaja en la calificación en caso de que la nación no consiga asegurar el siguiente tramo de ayuda por parte del programa de la UE y el FMI», especificó S&P.
Los inspectores de la troika -compuesta por la Comisión Europea, el Banco Central Europeo y el FMI- concluyeron el pasado domingo una «productiva» visita a Grecia en la que las autoridades helenas aceptaron intensificar sus esfuerzos para responder a las exigencias de sus prestamistas internacionales. Durante el encuentro se discutieron «las políticas económicas necesarias para restaurar el crecimiento y la competitividad», así como para devolver a Grecia una «posición fiscal sostenible» y cimentar de nuevo la confianza de los mercados en el país «a través del cumplimiento de los objetivos del programa de ajuste» que respaldan las tres instituciones internacionales.
Por su parte, la Comisión Europea señaló que sigue considerando «creíble» que el país heleno pueda reducir su deuda hasta el 120% de su PIB de aquí a 2020, por lo que se «aferra» a esta cifra, y descartó relajar este objetivo. «Es una meta ambiciosa para Grecia y seguimos sujetos a esa finalidad», declaró a la prensa el portavoz comunitario Olivier Bailly, sobre las exigencias acordadas el pasado febrero para el segundo rescate de del Estado.