Entrevista

«La magia de la literatura está en hacer creíble lo imposible»

Esther Marín - domingo, 14 de febrero de 2016
- Foto: Oscar Navarro
Tomás Arranz Sanz • Escritor

Los sueños son para perseguirlos. Así de claro lo tiene este vallisoletano que lleva dieciséis años como funcionario en la Prisión de La Moraleja. Pero su pasión es la escritura. Finalista del Premio Nadal 2015, está a punto de ver publicado su primer trabajo, Precipicios, aunque fuera de España. A pesar de las trabas, continuará adelante con su pasión.
¿Desde cuándo escribe y cómo descubre que es un arte que le apasiona?
Cuando tenía unos doce años me di cuenta de que me encantaba escribir. Un día, a un profesor del colegio en el que estudiaba le dije que quería ser escritor o periodista, algo que estuviera relacionado con la escritura. Pensó que tenía muchos pájaros en la cabeza y les dijo a mis padres que a lo mejor me tenían que llevar a un psicólogo, como si fueran profesiones casi al margen de la ley. Menos mal que mis padres no hicieron caso.
Desde entonces, la vocación quedó un poco oculta, pero con el paso del tiempo me fui dando cuenta de que en la vida tomas decisiones que parece que forman parte de un plan trazado. Lo que decides de niño, sin darte cuenta, tiene algo que viene marcado por el subconsciente.
Con veinte años empecé a escribir más en serio, pero te das cuenta de que no puedes trasmitir realmente lo que quieres, porque no es tan fácil. Continué con esa lucha y, tras estudiar Historia Moderna, me preparé una oposición a funcionario de prisiones. Ese fue otro de esos momentos de la vida en que tomas una decisión medio inconsciente pero que se hace de forma muy consciente: yo quería ese trabajo porque me permitía tener mucho tiempo libre para escribir.
Estuve en Valladolid, Valencia y Madrid, donde me puse a estudiar más en serio en la Escuela de Letras. Allí aprendí muchas cosas, como por ejemplo que la humildad es una de las claves de la vida.
Llevo más de veinte años escribiendo, pero he escrito mucha basura, aunque eso me ha servido para aprender. Los fallos cuando uno empieza a escribir pasan por el desequilibrio, por poner más diálogo del necesario, por ausencia de descripciones, etc. Yo pensaba que escribía bien, pero como yo había miles.
Cuando realmente reventé fue hace siete años. Tuve un cambio en mi vida y me di cuenta de que podía seguir avanzando. Leí el libro Crónicas Cinematográficas de Cabrera Infante y, al terminar, pensé que podía continuar el trabajo donde él lo había dejado.
Me veía con esa potencia literaria. Cambió radicalmente mi forma de ver la literatura y empecé a crear de otra manera: con una idea de la historia, algún detalle y un poco del final. La historia me va surgiendo; el lector no me puede pillar porque no sabe nunca lo que va a pasar, no lo se ni yo.
Seis novelas, cuatro libros de relatos y otro trabajo sobre la mesa. ¿Quién es Tomás Arranz y que nos cuenta en sus obras?
Me gusta poner al ser humano en una situación límite. La novela que ahora estoy escribiendo tiene esa esencia: la de seres normales que en un momento dado ven que la vida se les va y hacen cosas que, en otra circunstancia, no harían.
Llevo más de cuatrocientas páginas y creo que es una bomba. Versa sobre la mediocridad; en todos los estratos hay gente de todo tipo. Se titula Sed de sal y son tres novelas que acaban al final en una. Estoy terminándola, pero me siento como un niño cuando se está comiendo un pastel y no quiere acabarlo porque le está encantando.
Una de las historias es la de un bandido cubano que consigue todo lo que le piden. Te ríes según transcurre la historia, pero no deja de ser una tragedia lo que tiene que padecer con el sistema comunista de su país. Pongo al personaje al límite. Es una historia real de un joven que a los 28 años se va a Las Vegas, se cree que se va a comer el mundo engañando a los turistas y acaba fregando platos. Después vuelve a Cuba y gasta todo el dinero que ha hecho. Le ofrecen venir a España y le cogen por tráfico de drogas. Pasa cinco años en La Moraleja, donde yo le conocí, y luego vuelve a las andadas.  Ahora vive en Cuba.
Mi máxima en la literatura es no aburrir al lector y la clave que se emocione y sorprenda. Tengo claro que el escritor es un artesano, no un creador.
Ha sido finalista del Premio Nadal 2015 con Los muchos. ¿Cómo llegó hasta ahí y qué ha supuesto estar entre los seis elegidos de 335 obras presentadas?
Esto de los premios tiene mucho de lotería. En el caso del Premio Nadal se hacen seis cribas con ocho lectores. Van eliminando trabajos y parece que el mío les gustó por el estilo fresco y rápido que tiene.
Voy a poner un ejemplo de mi libro para que se entienda: «Nací hace cuarenta y siete años y dos meses, cuando Dios aún vivía. Pertenezco al signo de Leo y aunque no soy tan estúpido para creer en horóscopos, algo debo tener del león por lo mucho que me gusta comer y chingar. No conocí a mi padre y él a mí tampoco. Tuve interés en buscarle y él a mí ninguno. Dudo mucho que mi madre supiera a ciencia cierta su identidad. Siempre aseguró que ejerció de fiscal en una provincia donde la gente era mayoritariamente blanca. Esa fue toda su herencia, el color de la piel, y le estoy agradecido. Si mi madre se hubiera empatado con otro podía haber salido mulato, negrón o jabao como mi hermano mayor. Somos tres hermanos cada uno de un padre». También está basado en hechos reales.
¿En este tipo de premios realmente se valoran los trabajos o hay un interés editorial de fondo?
Hay mucho interés editorial. Quien gana este tipo de premios lo sabe tres meses antes. Esa es la clave. Yo supe que era finalista un mes después, porque las editoriales apuestan por autores de la casa, que ya tienen el camino hecho.
El arte ha cambiado mucho, como cualquier profesión. Antes demostrabas tu valía y luego llegaba la fama y el prestigio. Ahora es al revés: primero llega la fama y luego ya veremos a qué nos dedicamos.
Las editoriales y los escritores tienen una relación de amor-odio. Se escuchan muchas críticas de que el mercado editorial es hermético, ambicioso y, en muchos casos, aprovechado. ¿Cree que el mundo literario se ha mercantilizado?
Totalmente. El Comité de Lectura de las editoriales, que es el que recibe la novela, en el mejor de los casos dedica diez segundos a leerla. Uno tiene que ser un genio para que en ese tiempo pueda enganchar su lectura. Normalmente se suele tirar el trabajo a la basura, pero hay editoriales un poco serias que, al menos, lo abren.
No se suele encajar con la línea editorial porque las editoriales funcionan como compartimentos estancos: novela romántica, policiaca, negra, etc. En el momento en el que un trabajo no se puede ubicar está perdido. La mayoría de las obras de arte son difíciles de ubicar porque tienen de todo un poco. Yo rechacé publicar mi novela con Planeta. Estoy en contacto con otras editoriales porque lo que me propusieron fue publicar solo en internet. Les comenté que tenían treinta sellos editoriales y que en alguno podía encajar el trabajo, pero me dijeron que no.
Yo pedía al menos algunos ejemplos en papel, pero lo que ellos querían es que cediera mi obra con todos los derechos a cambio de nada. Les dije que yo podría trabajar escribiendo por la mitad de lo que gano actualmente con mi trabajo, porque es mi pasión, pero lo que no voy a hacer es regalar mi trabajo.
Este mes se celebrará la XXV Feria Internacional del Libro de La Habana (Cuba). Allí estará Precipicios, el primero de sus trabajos que se va a publicar. ¿No le da pena que haya tenido que ser fuera de su país?
Es como si aquí todo el pescado estuviera vendido. Como si todo fuera inamovible y si no se conoce a alguien no hay nada que hacer. El talento es la tercera o cuarta cuestión que se tiene en cuenta a la hora de publicar un trabajo. El primero es que seas conocido. Ahora la gente que tiene más oportunidades es la que tiene miles de seguidores en las redes sociales.
Precipicios es un libro de relatos en el que pongo al ser humano en el precipicio, al borde del abismo. Es un libro de desasosiego. Por ejemplo, uno es el de una mujer que va a parir al hospital y el marido es veterinario. Una tormenta le impide llegar y cuanto más se intenta acercar, más se aleja. Y así pasa horas, días y años intentando llegar a casa, hasta que diez años después cuando llama por teléfono a casa le dicen que allí ya no viven su mujer y su hijo.
Yo parto de lo irreal, pero trabajo con la más certera lógica. Por ejemplo, una mujer que trabaja en un tanatorio, después de amortajar a un fallecido, comienza a sentirse rara. De repente sale y se va a beber y a jugar a un Casino, cosa que no había hecho hasta ahora. Lo que pasa es que ha cogido la personalidad de la fallecida porque la trasplantaron su corazón.
Son historias al límite, pero es que la magia de la literatura está en hacer creíble lo imposible.
En esta muestra cubana el lema es Leer es crecer.  ¿Somos conscientes de que cuanto más leemos más crecemos?
La lectura nos abre un campo de posibilidades y vivencias, tanto al que escribe como al que lee. La mirada del escritor no es la misma que la del lector. El escritor tiene mirada ingenua, de niño, con capacidad de sorpresa. Hay que saber transmitirlo al lector, que a veces está muy influenciado por la imagen visual. Este mundo está lleno de críticos; nadie lee, pero todo el mundo opina.
A las nuevas generaciones parece que les cuesta leer, quizá porque la facilidad con la que pueden acceder a cualquier cosa a través de las redes sociales les ha hecho más perezosos a la hora de coger un libro. ¿Cree que eso puede repercutirles en el futuro?
Por supuesto, pero esto no pasa en otros países. En el norte de Europa, por ejemplo, en los colegios hay clubes de lectura, se estudian obras específicas de Literatura. El que lee goza y descubre otros mundos. Aquí se ha abusado de que, desde pequeños, nos mandan leer cosas de mayores. Si un niño consigue entrar en el mundo de la literatura será un ser distinto.
Vamos hacia un mundo de mediocridad en el que un ingeniero de la Nasa puede lanzar un cohete al espacio, pero no saber quiénes son Sócrates y Platón, ni haber leído un solo libro. Hacia un mundo de expertos en el que cada vez somos más ignorantes.
En la prisión se conoce a muchas personas distintas, así como historias y realidades. ¿Su día a día le hace ver la vida de otra manera?
Te hace relativizar la vida y ver lo fácil que es acabar allí. Pensamos que solo hay asesinos y delincuentes, pero también hay gente que comete un error y acaba dentro. Allí puedes encontrar personas muy variadas, muchas de ellas que tienen interés en aprovechar su tiempo y se ponen a estudiar, hacen talleres, participan en programas de rehabilitación, etc.
Este fin de semana está en Bulgaria para impartir un curso sobre Literatura Creativa y una conferencia en el Instituto Cervantes de Sofía. ¿Cuál será su aportación a este evento?
Empezaré con una definición de Literatura que la mayoría de la gente no ha escuchado: Es un contrato virtual en el que yo cuento una serie de mentiras que otros creen si las cuento bien, al pensar que encierran una gran verdad. Por ejemplo, si yo quiero saber cómo es Colombia voy directamente a García Márquez porque me va a mostrar el espíritu del pueblo colombiano. Ser escritor es un trabajo a largo plazo. Se crea pero no hay una recompensa cercana. Tienes que tener las tres virtudes del escritor: talento, disciplina y determinación.

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