La sala de conferencias de la Peña Taurina Palentina tuvo el pasado jueves una de sus mejores entradas con motivo de la visita del matador de toros Fernando Robleño. No se equivocaron los aficionados, porque su intervención fue de las que estos esperan de un torero, que suponga un apoyo en el que basar su afición a los toros.
Es normal en las exposiciones de estos profesionales resaltar sus éxitos y acudir a la mala suerte cuando estos no llegan. No es así como se comporta Robleño. De su charla, si algo hay que destacar, es la sinceridad, rayana muchas veces con la humildad: «En la Escuela Taurina de Madrid yo no era uno de los alumnos mas aventajados, aunque sí de los mas constantes», afirmó. Sin embargo en su primera comparecencia vestido de luces, con catorce años, fue el triunfador del certamen taurino que la Escuela celebraba en el Centro Penitenciario de Carabanchel. Lástima que los asistentes de ese coso no pudieran sacarle a hombros.
El torero de San Fernando de Henares fue desgranando diversos pasajes de su vida profesional, su debú con caballos en Colmenar de Oreja, lidiando en solitario cuatro novillos de Victoriano del Río, les cortó cuatro orejas, pero el cuarto le infirió su primera cogida grave.
Su carrera, por desgracia, está llena de graves percances, fruto de su compromiso con la Fiesta, siempre preocupado de hacer el toreo puro, el que conlleva más riesgos y, además, ante los toros de las ganaderías más duras. Su paso por el escalafón novilleril fue en continuo ascenso, de los siete festejos del año 1997 a las 57 novilladas en 1999, abriendo la Puerta Grande de Las Ventas y consiguiendo el Premio Cossio al Mejor Novillero de la Temporada.
Su alternativa, con Morante y El Juli, puede considerarse de lujo, pero su modestia no le permite presumir. Ya matador, su caso es digno de estudio, es uno de los toreros preferidos de la afición de Las Ventas, ha salido por su Puerta Grande varias veces, ha cortado más orejas que la mayoría de los que se tienen por figuras, pero el trato que recibe no va en consonancia con sus merecimientos y los contratos que se le ofrecen pocas veces son de garantías. Es consciente deque si quiere ser alguien, tiene que seguir luchando cada tarde. «He salido a la plaza con el convencimiento de que esa podía ser mi última corrida de toros, que tenía que dejarme la vida en ella. Tal vez por eso las cosas me han ido saliendo bien».
Preguntado por los aficionados por sus relaciones con los apoderados que ha tenido y sobre todo su experiencia con la Casa Chopera, su dignidad volvió a relucir y no habló mal de ninguno, aunque es sabido que su carrera podía haber seguido otros derroteros si sus mentores hubieran gestionado mejor sus éxitos.
El próximo jueves día 24, el conferenciante será el matador de toros, ya retirado, y profesor de la Escuela Taurina de Salamanca, José Ignacio Sánchez.