Coincidiendo con la celebración del Año Santo Compostelano, Ediciones Cálamo acaba de publicar El Camino de Santiago, de Walter Starkie (Dublín, 1894-Madrid, 1976), uno de los mejores libros sobre la Ruta Jacobea, que el hispanista irlandés recorrió cuatro veces entre 1924 y 1954.
La primera y única edición en castellano de este libro (con traducción de Armando Lázaro Ros) fue publicada por Aguilar en 1958, un año después de aparecer el original en inglés, y se encontraba agotada.
El volumen -de 424 páginas y subtitulado Las peregrinaciones al sepulcro del apóstol- llega a las librerías a un precio de 24 euros en una cuidada edición en tapa dura y con un prólogo que ha escrito para esta ocasión el también hispanista Ian Gibson, uno de los mejores conocedores de este singular intelectual.
El Camino de Santiago se incluye en la colección Pasajero, que Cálamo dedica a la literatura de viajes, serie en la que ya han aparecido hasta ahora Por tierras de pan amar, de Juan José Cuadros; y Castilla en Canal, de Raúl Guerra Garrido (en edición con fotografías de Eduardo Margareto). En breve verá la luz en esta colección Siete lugares, de Gonzalo Santonja.
Walter Starkie, que fue el primer director del Instituto Británico de Madrid entre 1940 y 1954, es una de las personalidades más singulares y polifacéticas de la cultura europea de su época. Inseparable de su violín (que aprendió a tocar desde niño) y pertinaz trotamundos, mostró un temprano interés por la cultura hispana. Fue el primer catedrático de español en el Trinity College de Dublín (1926-1947), donde se graduó.
vínculos. A lo largo de su vida, Starkie estableció profundos vínculos con España y con destacados intelectuales de la época (Antonio Espina, Menéndez Pidal, Pío Baroja, Gregorio Marañón, Dámaso Alonso, Camilo José Cela…).
Especialista en Miguel de Cervantes (tradujo al inglés el Quijote y las Novelas ejemplares), su mayor fama se debe, sin embargo, al éxito que alcanzaron entre los lectores del mundo hispano y anglosajón sus libros de viajes, amena mezcla de erudición y relato autobiográfico, que también se da en El Camino de Santiago.
Ian Gibson afirma en el prólogo que este libro no ha perdido su atractivo medio siglo después de su aparición. «A veces he pensado que Starkie nació para escribir este libro. ¿Cómo no iba a fascinarle a él -prosigue Gibson-, como buen católico irlandés, hispanista, andarín y juglar, el peregrinaje más famoso de Europa, fuente de infinidad de historias, leyendas y anécdotas?».
maestro. El prologuista destaca que Starkie es un «maestro en el difícil arte de mezclar información y anécdotas, seriedad y humor; de estimular el apetito del lector deseoso de conocer, de saber cosas, pero sin hartarle con excesivos pormenores».
Gibson subraya que con este autor «hay garantía de tener aventuras a raudales, y nunca tantas, ni tan bien contadas, como en este libro (…), que invita a una lectura pausada, sosegada -nada de prisas-, como si real y verdaderamente estuviéramos acompañando al orondo y locuaz autor en su lenta peregrinación hacia la afamada ciudad gallega, en nuestros días nuevamente meta de creyentes de todo el mundo».
peregrinaje. «A veces he pensado que Walter Starkie nació para escribir este libro. ¿Cómo no iba a fascinarle a él, como buen católico irlandés, hispanista, andarín y juglar, el peregrinaje más famoso de Europa, fuente de infinidad de historias, leyendas y anécdotas? Los lectores españoles de 1958 supieron apreciar en su justa medida este gran libro que, medio siglo después, no ha perdido su atractivo», afirma Ian Gibson.
Starkie viajó entre 1923 y 1930 por Europa y EEUU. Fue profesor de español en Dublín y director del Instituto Británico en Madrid desde 1940. Es autor también de Escritores de la España moderna (1929), Aventuras de un irlandés en España (1934), Don Gitano (1936) y La España de Cisneros (1939).