Era un pueblo ideal, en un lugar privilegiado al cobijo de la sierra, en plena Montaña Palentina, en lo que fue una colonia obrera. Un pequeño mundo del que no hacía falta salir ya que tenía todo lo que los vecinos necesitaban hace cien años. Sus habitantes, gracias a la prosperidad de las minas, disponían de los servicios más avanzados para la época: sanatorio, farmacia, laboratorio, peluquería, correos, cajas de ahorro, recogida de basuras, alumbrado público, casinos y colegios.
También contaba con ferrocarril y un canal subterráneo único en la minería española, un economato, un comedor público y una Banda de Música. Un pueblo ideal en el que también nacía hace ahora cien años la primera sala cinematográfica de la provincia.
Según se recoge en el libro Castillos de Ceniza, de Wifredo Román y Óscar Blanco, el Cine Ideal surgía paradójicamente antes en Vallejo que en Barruelo, localidad con mayor población. Fue en julio de 1912 cuando Vallejo tuvo su máquina de cine y también un piano que acompañaba las películas mudas con su música. Una sala que se construyó gracias al Marqués de Comillas, que decidió crear un pueblo tecnológicamente avanzadísimo en el que incluso fuera posible contar con una sala cinematográfica. Las obras de construcción fueron dirigidas por Antonio Font de Bedoya.
NUEVA ETAPA. En la Monografía de la colonia obrera de las minas de Orbó, editada por la empresa entonces propietaria de las minas, concretan que el Teatro-Cine Ideal era capaz de albergar unas 400 personas. El cine fue cerrado en 1940 y permaneció inactivo hasta que el Gobierno Civil autorizó su reapertura en junio de 1945, gestionado por Joaquín Duque y Gabino Salazar que pagaban una renta a la empresa de minas.
Realizaron importantes reformas y adquirieron una máquina sonora. Se instalaron lavabos, ambigú, salidas de emergencias y un acceso nuevo al anfiteatro. La sala contó también con butacas nuevas, lo que hacía que tuviera una capacidad para 271 espectadores. La primera película que se proyectó fue Santander, la ciudad en llamas que recreaba el incendio que asoló la capital cántabra. Curiosamente, según apuntan Román y Blanco en Castillos de Cenizas, un incendio también fue el causante del importante susto sufrido por los responsables de la sala en la Nochebuena de 1945.
Pese a ello el Ideal continuó con su actividad. La sala conoció su mejor época hasta los años cincuenta, pero en 1954 Salazar abandonó el cine y poco después falleció Duque. Su viuda, Pilar Merino, y su sobrino, Joaquín Unquera, se hicieron cargo del cine hasta 1966 en que cerró sus puertas definitivamente.
Un emblemático inmueble que pronto cumplirá su centenario y al que sus vecinos tienen un especial cariño. Por ello desde la Asociación de Vecinos Santo Domingo de Vallejo llevan varios años alertando de la grave situación en la que se encuentra el que fuera el primer cine de la provincia. «Está deteriorado, de tal manera que si las Administraciones públicas no toman medidas para recuperarle seguirá el mismo camino que el resto del patrimonio industrial ya irrecuperable que hemos perdido», apunta uno de los miembros de la Junta Directiva de la asociación, Julio García Solís. Algo que también podría suceder con la iglesia, en manos privadas.
Al igual que sus vecinos muchas otras personas no quieren que la historia del primer cine de la provincia quede en el recuerdo. En 2009 un grupo de seis jóvenes entonces estudiantes de la Universidad Europea Miguel de Cervantes de Valladolid grabaron un cortometraje documental en el que se refleja su historia con el título El Cine Olvidado.