El desplome de 20 metros de alero del Monasterio de San Zoilo ha servido para algo. En primer lugar para demostrar que el patrimonio palentino ligado al Camino de Santiago precisa en casos puntuales una intervención urgente para no ser el hazmerreír de los peregrinos que nos visitan este Año Jacobeo y, en segundo término, para comprobar una vez más que una fotografía y unas líneas denunciando en los medios de comunicación que algo se cae hacen más que una llamada de teléfono o una carta.
La Junta de Castilla y León, que días atrás poco menos que escurrió el bulto a través del delegado territorial de la Junta, señalando a los propietarios del Monasterio -una empresa de hostelería-, como responsables del mantenimiento, ha dado un giro, pero no de cara a la opinión pública, sino en petit comité, promoviendo un encuentro entre sus técnicos y los propietarios del inmueble. El tema central, por supuesto, el estado de conservación del Monasterio y las intervenciones que precisa para evitar nuevos sucesos como el acaecido hace una semana.
La Administración Regional ha invertido, y tiene intención de seguir invirtiendo en San Zoilo. Así lo han confirmado desde la propia Junta. Recientes son las fotografías de responsables de la Administración inaugurando las obras de restauración de la torre-campanario y la cubierta Galilea del Monasterio de San Zoilo, de Carrión de los Condes, que permitieron descubrir un crismón, representación o abreviatura de Cristo compuesto por las letras mayúsculas X y P entrelazadas o una P cruzada en su trazo vertical por una barra horizontal.
Por parte de la empresa se ha recordado que ya han ejecutado obras en el Monasterio, las últimas en la zona del claustro, renovando la carpintería exterior que presentaba una lamentable imagen.