Todos somos muy conscientes de la grave crisis económica que vive nuestro país, cuyo efecto más doloroso son los más de cuatro millones de parados que hay ya en España. Pero junto a esta crisis económica hay otra aún más profunda de valores morales que en muchos casos preferimos obviar. Sin embargo, los efectos de esa pérdida de valores pueden ser a largo plazo aún más negativos para nuestra convivencia y para el futuro de nuestra sociedad que los puramente económicos.
Una muestra clara de esta pérdida de valores morales es la relativización absoluta del valor de la vida. Esta ideología de la muerte llega al extremo de negar por parte de una miembra del Gobierno la naturaleza humana de un feto en el vientre de su madre. Es difícil mayor aberración, porque negar a un ser humano su condición de tal es privarle de toda su dignidad, de todos sus derechos y de toda protección. No es sólo un problema de ignorancia, que también, sino la expresión de una falta absoluta de consideración a la vida, de una pérdida total de referentes morales en su acción política.
Hay también una quiebra de los valores que sustentan la familia, como el cuidado y la educación de los padres respecto a sus hijos. Zapatero considera que los padres no deben interferir en las libres decisiones de sus hijos menores. Es difícil enunciar mayor disparate para tratar de justificar que a una niña se le permita abortar sin ni siquiera conocimiento de sus padres. Lo que subyace en el fondo de esta reflexión es un intento de usurpar a los padres el derecho a educar a sus hijos y eliminar la familia como una célula en la que se trasmiten valores morales fundamentales de generación en generación. Esos valores serían ahora inculcados a través de instrumentos como la Educación para la Ciudadanía, con la que se trata de manipular ideológicamente a los niños desde su más tierna infancia.
Hay también una negación permanente del principio de autoridad en todo el entramado social que va más allá de la puesta en cuestión de la autoridad paterna para educar a sus propios hijos. Lo vemos en la escuela donde el alumno puede faltar al respeto al profesor e incluso en ocasiones agredirle ante la indefensión del mismo. Se produce también en las calles donde los delincuentes hacen frente de forma cada vez más violenta a los policías con cierta impunidad. Incluso en los hospitales o los centros médicos hay un creciente número de denuncias por agresiones al personal sanitario.
En estos últimos años ha imperado también una cultura del enriquecimiento rápido y del todo vale para lograr ese fin. La actual crisis financiera mundial ha puesto de manifiesto no sólo la debilidad de los mecanismos de control sobre determinados productos financieros cada vez más opacos y sofisticados, sino también una falta absoluta de escrúpulos en muchos tiburones económicos que no han dudado en engañar a millones de clientes en su propio beneficio. Por el contario, la cultura del esfuerzo, del respeto al prójimo, de la responsabilidad, del valor de la palabra y de los compromisos, está francamente devaluada.
Son tan sólo algunos ejemplos de la profunda crisis moral en la que nos encontramos. Salir de ella exige recuperar algunos valores que hoy se encuentran muy devaluados en nuestra sociedad pero que resultan esenciales para nuestra convivencia y el progreso de nuestra sociedad. No es estrictamente una crisis española, sino europea, e incluso occidental. Una crisis que si no se corrige puede conducir al declive de nuestra propia civilización. Pero es verdad que en España sufrimos con especial intensidad esta pérdida de valores porque hay un Gobierno que ha visto esta crisis como una oportunidad para perpetuarse en el poder. El sueño de Zapatero parece ser una sociedad inerme moralmente y subvencionada económicamente que dependa absolutamente de él, sin voluntad propia.