Con esto del discurso de un rey tartamudo, una soberana película, pasa que los defectos más espectaculares son menores, cuando hay un alma y espíritu grandes dispuestos a superarlos. Es, cuando los tacos, que me recuerdan a un padre que tenía bien enseñado a su hijo que no pronunciaba la «r», pues entre burlas y escarnios de la parroquia de no ir a misa, y cada uno tiene peculiaridad y por ello su dignidad, ese padre le dijo que si sabía pronunciar «hijo de su madre», aunque no era su intención nada mala pero como para despacharse a gusto de los impertinentes y maleducados, espantapájaros, que ven la paja en el ojo ajeno. Así que cuando se reían de él a prueba con la «r», éste quieto parado pero que también sabía hablar alto y claro… Solo es una anécdota. - Como aquellos tres estudiantes de un colegio de curas, privado, que traían de cabeza al fraile, un quebradero, con la misma excusa. A instancias del religioso, un buen hombre, se reunían todos los días un mínimo de dos horas para ver si se podía subsanar la prosodia, pronunciar la «r», pero cuanto más se esforzaba el educador, menos logros y en las mismas hasta el punto de heredar, por contagio, la misma o parecida carencia de los educandos, que el pobre acabó haciendo enjuagues entre la «r» y la «g» cual gorgorito que ni haciendo gárgaras. No es más que otra anécdota pero lo cierto es que la perfección no existe ni siquiera para el que escupe para arriba… Pues lo que cuenta es la voluntad, el hombre así se mide, y el amor. - Pero en cierto reino de La India, que ahora nos ponemos reales, un príncipe y una princesa decidieron consagrar su amor, contraer nupcias, por todo lo alto. Viendo el doncel que su amada tenía un lunar en la cara, propio de por allí no obstante, decidió que sería perfecta sin él, cuando se lo quitaran. Y ahí que se procedió a operar, por demás, tan graciosilla pinta o peca, la princesa, que era muy bella, falleció. Por eso es que el amor perfecto no existe y la perfección del amor es la imperfección, que hay que currárselo vamos. Y aguantar, carros y carretas, en pos de la convivencia y una cierta armonía, el aguanto-formo. Pues no todo son vino y rosas sino ejemplo y virtud y la necesidad lo crea, compromiso de cada día, el pan nuestro. - Otra anécdota, como un receso, pues decididamente no voy a hablar de la película, el título es un reclamo y lo merece, es la de ese famoso novillero al que su madre, sabia, siempre le sacaba pegas como buena y virtuosa madre que no quiere que su hijo se crea lo mejor y más grande, el lucero del alba, propio de las madres, pues bien, la buena mujer tras una faena de torería y valor, antología, que ni las dos orejas, que porqué no había cortado el rabo…