En una provincia como la palentina,donde el envejecimiento de la población es un hecho probado, que además va en aumento, y donde son numerosas las localidades con pocos habitantes, y en una época como la actual en la que quien más y quien menos aspira a disfrutar de una buena calidad de vida después de la jubilación, se impone la aplicación de programas y la habilitación de medios y dotaciones que posibiliten el llamado envejecimiento activo. Algo que en la capital es relativamente sencillo porque las personas mayores disponen de centros de días, aulas formativas, Universidad de la Experiencia, bibliotecas y cursos y talleres en los Centros Sociales de los barrios, además de salas de cine y teatro o de conferencias y exposiciones, y que en el caso de los pueblos mayores de mil habitantes también es factible aunque el número de servicios sea más reducido, se vuelve complicado, por no decir imposible, en localidades de cien o doscientos vecinos.
La oferta apenas si da para un teleclub o un bar particular, tal vez una feria temática y algún concierto en sus templos en fechas sañaladas de la Navidad, la Semana Santa o el verano. ¿Qué opciones tienen los mayores de esos lugares a la hora de rentabilizar el exceso de tiempo libre? Sin un centro que organice actividades específicas para ellos, sin un salón de actos, un museo o un centro de interpretación con un buen programa cultural y sin espacios de encuentro, las posibilidades quedan reducidas a las partidas de cartas, la televisión y, cuando hace buen tiempo, los paseos o alguna tertulia en la plaza.
Por eso nos parece plausible una iniciativa como la del Área de Servicios Sociales de la Diputación que, bajo la denominación genérica de Programa de Envejecimiento Activo, incluye dos centenares de actividades dirigidas a las personas mayores de 103 pueblos palentinos de menos de quinientos habitantes. La previsión es llegar a 3.800 participantes a través de los once CEAS de la provincia. El programa se divide en varios módulos específicos, centrados en la seguridad (prevención de accidentes domésticos, educación vial y consumo responsable), el entrenamiento de la memoria y de la mente con diversos ejercicios para mantener las habilidades sociales, la atención y la cabeza bien despiertas; la salud (higiene postural y del sueño y buen uso de los medicamentos); la reflexión y la estimulación del pensamiento en torno a temas y aspectos del entorno vital y la estimulación psicomotriz.
Las sesiones de estos módulos, unidas a la lectura diaria, los paseos y el ejercicio físico moderado, una alimentación sana, el mantenimiento en la medida de lo posible de la actividad manual, las relaciones vecinales y la curiosidad por cuanto acontece -las nuevas tecnologías tienen mucho que decir en este ámbito- no impedirán ni frenarán el envejecimiento, pero a buen seguro que lo hacen menos traumático y mucho más llevadero.