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20 de enero de 2018
Opinión
A VUELA PLUMA

¡Indignaos! (¡Indignez-vous!)

ELISA DOCIO HERRERO - domingo, 10 de abril de 2011

Con tanto ruido de fondo, entre cañonazos, disputas políticas que no conducen a ningún beneficio para el interés general, polémicas insulsas sobre gastos que son el chocolate del loro y otras banalidades ocupando titulares, entrevistas y comentarios para distraer la atención y centrar las conversaciones en temas que no dañen importantes intereses financieros y empresariales, apenas ha trascendido para una minoría la urgente proclama que el filósofo Stéphane Hessel lanza como un reto a la juventud del siglo XXI con el apoyo y prólogo de nuestro sabio José Luis Sampedro.

En éste pequeño librito de poco más de quince páginas, éstos nonagenarios implicados hasta los huesos en la defensa de los derechos humanos, la democracia, las libertades y el bienestar, alertan con urgencia sobre el grave riesgo que corren estos logros ante una sociedad que pierde sus valores a ritmo vertiginoso para solamente centrar su atención en correr detrás del dinero a cualquier precio.

En un breve pero conciso alegato nos recuerdan cuánto costó conseguir la Declaración Universal de los Derechos Humanos en 1948, en cuya redacción participó el autor y en qué poco tiempo se puede perder lo conseguido.

No perdamos de vista que los financieros son «los culpables indiscutibles de ésta crisis» y que sus víctimas son los trabajadores asalariados y los cuasi empresarios que trabajan para sí mismos. Los banqueros nunca se han interesado por el beneficio social ni por las cuestiones personales ni humanitarias, su objetivo es único e inamovible, los propios dividendos.

No nos dejemos llevar por el pánico y padezcamos un irreversible error de perspectiva. La derecha y los amos del dinero nunca van a dar nada porque su lema perpetuo es «el que más pueda que más tire» creando ese estereotipo valorado y envidiado socialmente que es el «hacedor de dinero». Pero esa clase conservadora (de su dinero y de sus privilegios) encarnada por la derecha política nunca se va a volcar en mejorar la sanidad pública, ni la calidad de la educación, ni las pensiones, ni las libertades, ni la igualdad, salvo poniendo a todo precio según valor de mercado y quién lo quiera bueno que pague.

En septiembre de 2009, en un gran titular con foto de familia, El País decía El G-20 vislumbra el final del túnel. Los líderes mundiales decidirán cómo acabar con los excesos en las retribuciones de los banqueros. Desde aquél notición, el Hambre en el mundo aumenta, las cifras del paro crecen, la calidad de los servicios públicos merma y los derechos humanos… ¡Ay, qué es es de los Derechos Humanos! Que se lo pregunten a los palestinos y al mundo árabe musulmán, no digamos al África Negra.

El capital es derechas y no tiene corazón, el dinero es inerte y no palpita. De lo que pase en el futuro todos somos cómplices, para bien o para mal.

www.elisadocio.com

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