JOSÉ MARÍA RUIZ ORTEGA
El ferrocarril de vía estrecha que cruzaba la Tierra de Campos no sólo era un medio de transporte de viajeros y mercancías, sino también una arteria de comunicación entre los pueblos más distantes, un viaje muy provechoso en las relaciones de personas que únicamente se conocían del viaje en tren. Cuando llegaban las fiestas capitalinas de San Antolín se fletaban trenes especiales para llegar hasta el mercado y feria de ganados, por la tarde circulaba el llamado tren torero. Adornado con banderitas y cintas multicolores el tren llegaba a Palencia cargado de morenos, con tiempo suficiente para asistir a la corrida de toros en el viejo coso de piedra de la plaza de Abilio Calderón y para visitar los carruseles de feria antes de regresar a los diversos pueblos.
Cuando la cosecha de cereales había sido buena las ferias contaban con más asistencia, tanto a toros como a restaurantes; si el año agrícola era malo se notaba en todas las atracciones y espectáculos de la feria. Se decía en la capital que llegaban los morenos, es decir, los agricultores, agosteros de pasar un verano de sol a sol con el rostro tostado de jornadas de recolección, entre rastrojeras y trillas en la era.
Un ferrocarril secundario que duró cincuenta y siete años, quizás no se supo dar utilidad al no modernizar sus máquinas e infraestructura en general, se sacrificó un medio de transporte limpio y cómodo en aras al desarrollo de la automoción por carretera. Solamente queda la nostalgia de tantos viajes a Palencia, de tantos viajeros terracampinos conocidos día a día, de tantos acontecimientos en viajes especiales y el engalanado tren torero. Al regreso, daba tiempo a comentar los festejos taurinos y las atracciones variadas de una jornada festiva, en una feria capitalina distinta a las fiestas patronales y romerías en las localidades de la provincia.
Pasado San Antolín, finaliza la canícula y llega el momento de cambio de actitud, de la vuelta al cole y un final de verano con mañanas de rocío y veladas que se van acortando, pensando en un nuevo año agrícola, finalizadas las vacaciones.
Ahora, los morenos no llegan en el tren torero y el color de la piel no es de rastrojo sino de playa. La rapidez en los medios de comunicación nos acerca las playas del Cantábrico.
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