Dicen que la figura paterna lleva la marca de una herida, pues es el padre quien inflige el primer dolor, afectivo y psicológico, interrumpiendo la simbiosis con la madre (necesaria para el bebé) pero proponiendo una nueva perspectiva para el desarrollo del niño.
Esa herida es el sentido de la paternidad que lleva al niño a sus primeras renuncias, a tomar unos caminos y rechazar otros, en definitiva a limitar ciertas direcciones, en favor de otras. Éste es el sentido de la herida.
Sirva como ejemplo la siguiente leyenda bosquimana: «Un hombre dijo a sus hijos que estuvieran atentos para ver si llegaba su abuelo. Mirad alrededor: Parece que se acerca el abuelo. Veo en su cuerpo las señales de las antiguas heridas. Los niños estuvieron atentos y vieron un hombre a lo lejos. Entonces dijeron al padre: Viene un hombre hacia aquí. El padre les dijo: Es vuestro abuelo que viene. Sabía que estaba llegando. Me he dado cuenta de que venía por las señales de sus viejas heridas. Quería que las viéseis vosotros: Ya esta aquí». En este relato, el padre conoce al abuelo de los niños porque siente (ve) su herida. La herida es una señal indeleble que presenta al abuelo, en ese hombre que se acerca.
En nuestra tradición, también hay numerosos ritos que señalan esta importante actividad del padre, para fundamentar la personalidad adulta del niño.
Al tiempo nos encontramos que el modelo de padre promovido en ciertas series televisivas, no pasa en muchas ocasiones de ser un títere, un individuo cuyo aporte en la familia es el de llegar hasta el sofá con un cerveza en la mano, y que establece con sus hijos unas relaciones vacías.
Es posible que algunos de los males de nuestro tiempo se deriven de la falta de ser padres, dando a nuestras sociedades características infantiles: vivir la instantaneidad, la omnipotencia, la incapacidad de soportar la más mínima tensión, la manifestación teatral del sentimiento, incapacidad para la introspección, entre otras. Ante la propuesta de una sociedad sin padres, debemos tomar nuestra responsabilidad, antigua y nueva.
Como nos recuerda Telémaco, hijo de Ulises desde La Odisea, mostrando la angustia de un hijo sin padre: «Si pudiera ocurrir que lo que desean los mortales se realizase, lo primero que querría sería el regreso de mi padre».
Felices sanantolines y buenas fiestas a todos.
(*) Foro Español de la Familia
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