Es tradición que, por San Antolín, tengamos pregoneros de mérito y fama reconocida. Palencia merece ser cantada y contada, en clave literaria y de humor, que ambas facetas son buenas y necesarias. Entre las personalidades asistentes al pregón literario, la ministra de Cultura Ángeles González-Sinde. La persona elegida para dar ese pistoletazo con el que se inicia la fiesta grande fue una palentina: Mercedes del Palacio, quien, por inteligencia y esfuerzo, ha desempeñado diversos cargos políticos. En la actualidad, la subsecretaría del Ministerio de Cultura. Esperaba una retórica vacía en el discurso o la exaltación de valores políticos de su partido. Me equivoqué. Confieso que la pregonera me sorprendió agradablemente. Otro buen fichaje del alcalde Heliodoro Gallego. Con dicción cuidada, seguridad y aplomo, modulando debidamente cada frase, incidiendo en lo que deseaba remarcar con estas palabras: « Aquí aprendí… me enseñasteis», dejó entre los oyentes un recordatorio personal elogiando cada una de las virtudes y valores que hacen de palentinas y palentinos un río humano, grande en esfuerzo, responsabilidad, apertura a la innovación y, por tanto, dispuestos a comerse el mundo por difícil que parezca la empresa. Una inyección de autoestima que nunca viene mal. Me sentí orgullosa de ser palentina. No por nacimiento, sino por razones de amor, por mi trabajo de maestra en la montaña y en la ciudad y por mis hijos que aquí nacieron, cerca de ese río Carrión que la atraviesa uniendo lo mejor de cada orilla como indicándonos que es bueno aunar esfuerzos y poner en alto la esperanza. Aseguró la pregonera que PALENCIA es una de las ciudades, ¡atención!, no de España sino del mundo, donde la calidad de vida es envidiable. Recorrió con su palabra las zonas verdes y el ámbito urbano y se detuvo en el sosiego y belleza que encierran.
El 29 tomó posesión de la Diócesis el nuevo obispo Esteban Escudero. Le deseo el mismo cariño y respeto que le tuvimos a José Ignacio Munilla. Me pregunto por qué no fue designado, al menos provisionalmente, a su marcha, un hombre íntegro y santo sacerdote, el vicario y párroco de San Lázaro. Antonio Gómez Cantero. Dicen que para ser canónigo hay que nacer en Fuentes de Nava. Quizá en los planes de Rouco no cabe Antonio. Pero tiene madera de obispo. Y que me perdone por hacer público lo que pienso de él.