Parece que en la economía sostenible que defiende Zapatero no cabe una agricultura sostenible. El campo español vive una crisis dramática en la que los costes de producción superan al precio de los productos. Muchos agricultores han realizado importantes inversiones en los últimos años y ahora no saben cómo pagar sus deudas. Está en juego la supervivencia de muchas explotaciones y el sustento de muchas familias.
¿Qué se puede hacer? Sin duda mucho más de lo que hace el Gobierno. En primer lugar, hay que saber defender los intereses de España en Europa, que es donde se juega de verdad con el dinero de nuestros agricultores. El problema es que cuando no se tiene ningún peso en la Unión Europea y la agricultura constituye la última de sus prioridades, por detrás por supuesto de la Alianza de Civilizaciones o el apoyo al régimen cubano, los intereses de nuestro agricultores están vendidos.
Todas las negociaciones del Gobierno de Zapatero en Europa fueron una catástrofe para nuestro campo. Teníamos un cultivo competitivo y rentable como la remolacha, especialmente en Castilla y León, pues en la última reforma del azúcar se lo cargaron. Éramos un país deficitario en leche y se nos redujo aún más la cuota, lo que condujo a la ruina a muchos ganaderos. España que es el país que más debería luchar por defender una política agraria común, pero Zapatero no hace nada por evitar su progresivo desmantelamiento. Que nuestros agricultores lo tengan claro, si nuestro Gobierno no defiende nuestros intereses en Bruselas no hay futuro posible para nuestro campo.
En segundo lugar, el Gobierno debe tomar algunas medidas inmediatas para evitar el sobrecoste de producción. Es necesario bajar la fiscalidad de algunos de esos inputs, como los combustibles o los fertilizantes. Hay que agilizar el crédito para evitar que algunas explotaciones se asfixien financieramente. Y hay que liberalizar algunos de esos mercados para evitar que se impongan precios abusivos.
En tercer lugar, es preciso adoptar un plan de medidas para mejorar la competitividad de nuestra agricultura, aumentando la superficie de regadio, modernizando explotaciones, apostando por las marcas de calidad y las industrias transformadoras y generando economías de escala.
Palencia se juega en el futuro de su agricultura algo más que un sector productivo fundamental, sino el mantenimiento de la población en nuestra provincia.