En los tiempos primitivos, cuando éramos puro instinto y simples supervivientes, el líder natural surgía per se. Era aclamado y reconocido debido a sus cualidades aptas para defensa de su grupo tribal. Era aquél que demostraba con sus actos capacidad suficiente para salvaguarda y conservación del individuo y del conjunto humano del que formaba parte. Hábil para buscar el alimento, para poner en práctica estrategias de supervivencia, para sortear los constantes peligros con los que la naturaleza y sus seres vivos se acechaban unos a otros en la impiedad de la lucha permanente por la conservación.
No existe comparativa con nuestros dirigentes actuales, no son el equivalente. No suelen ser el candidato natural ni el elegido por su grupo, sino el iluminado de diseño que responde a otros intereses. Son en su mayor parte los que han demostrado mayor empeño y astucia para deshacerse de sus rivales. Así, allá fuera las fieras campean por sus fueros, las desgracias, el hambre en el mundo, las crisis, la pobreza, la agonía del planeta, no merman. No hay líderes naturales defendiendo al grupo humano y su hábitat, mucho menos al individuo.
Los ideales han quedado como mero soporte de programas electorales que acaban siendo panfletarios, evocan bonitos sueños que enganchan, porque la humanidad desesperanzada ante el empeoramiento progresivo y acelerado de buena parte del entorno, necesita creer en paraísos nuevos que sustituyan aquellos que las religiones crearon en su día y que hoy han conseguido desmontar desde el mal ejemplo de sus cúpulas ocupadas también por políticos con su programa de poder debajo del brazo y sus pregoneros apocalípticos.
La historia se repetirá. Los bizantinos discutían sobre el sexo de los ángeles cuando les sorprendieron los turcos. Hoy nuestros poderosos iluminados se sientan alrededor de ostentosas mesas para debatir sobre las salidas a la crisis provocada por su culpa in vigilando, y llegarán los chinos a dar para el pelo a esta nuestra civilización decadente y egocéntrica. Ellos silenciosamente irán imponiendo un nuevo orden económico y político mundial, porque donde no hay orden se pone solo.
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Bloguera: tiralevitas.
¿Pero cómo se te ocurre reclamar a don Esquete?
En aquel foro había empanadillas sin pan. Pero doña Docio nos propone cazar dinosaurios y cosas por el estilo.
Yo también echo de menos a don Esquete. Pero, claro, si allí intervenía el pucelano don Juan Tenorio, es normal que D.P. haga gala de palentinismo.
Ni de coña me imagino al alcalde Heliodoro cazando un bisonte, como en Altamira.
Afortunadamente los tiempos han cambiado un poco y podemos sobrevivir varones poco hábiles con el gatillo.
Y sobre los chinos ¿qué quiere que le diga? Donde esté una buena paella que se quite el arroz tres delicias. Me manejo fatal con los palillos.
Estupendo artículo, Elisa, aprovecho para quejarme al DP por quitarnos la oportunidad de poder comentar la columna de Esquete, nos a barrido la "peña", mal, muy mal... menos mal que existen periódicos meno mojigatos.
Excelente apostilla la de D. Tomás Martín y también diré aunque me pese, que esta vez y es de las pocas, Dª Elisa mete a todos en el mismo saco, incluidos los suyos supongo, porque lo habitual es verla decir que los suyos son la panacea y los demás un montón de .....
La utopía, querida amiga. ¿Qué fue de la utopía? Me acuerdo de la famosa frase de Eduardo Galeano: "Ella está en el horizonte -dice Fernando Birri-. Me acerco dos pasos, ella se aleja dos pasos. Camino diez pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. Por mucho que yo camine, nunca la alcanzaré. ¿Para que sirve la utopía? Para eso sirve: para caminar".