Tras muchas dudas sobre a qué tema dedicar estas líneas, he decidido hacerlo sobre lo que más he divisado esta semana, injusticias.
La injusticia es una de las situaciones que más rabia e impotencia crea al que la padece. En la actualidad, al igual que desde el nacimiento de éste que llamamos nuestro hogar, aunque a veces no se merezca ese nombre, la falta de justicia se encuentra a la orden del día.
Aunque todas estas situaciones poseen un factor común, también existen personas que marcan la diferencia y que actúan ante lo que ellos consideran injusto. Y es que en este planeta convivimos los inconformistas y los conformistas, tan sólo hay que escoger en qué bando colocarse, y decididamente es de los primeros de los que realmente me apetece hablar.
Con inconformistas me refiero a esas personas que por decirlo de alguna forma tienen un par para rebelarse y sin sacar nada a cambio, solamente la satisfacción de lo bien hecho, se rebelan contra lo establecido, contra la injusticias y persiguen sus convicciones cueste lo que cueste.
No sé si se tratarán de los mejores ejemplos, pero el pasado lunes, en la Plaza Mayor de la capital se encontraba un foro que luchaba y lucha por la reapertura de una residencia de mayores. Y allí estaba su presidente, una persona que pertenecía a ese centro cerrado y que cuando le expulsaron de lo que era su casa, hizo algo y con ayuda de otras personas, a sus 68 años formó este foro. Esas creo yo son las personas que valen la pena.
Otra batalla diferente es la del Obispo de Jerusalén que nos visitó el martes y que con sus mínimas fuerzas en aquella tierra consigue mantener su iglesia.
Y por último quiero comentar, lo que más que una lucha es una recompensa y es la que disfrutan tantas familias palentinas con la adopción de sus hijos saharauis. Pueblo que es un ejemplo claro de injusticia y que necesita una inmensa fuerza que luche por ellos.