Hijo de sus papás del Sahara, niño de sus papis de España, nieto, sobrino, biznieto de su familia, sonrisa abierta a todo el que le ha conocido, peón de la vida, alumno de Lennox-Gastaut, profesor del sufrimiento ya sea con crisis tónicas, atónicas o convulsivas, licenciado en miradas, doctorado en pedorretas y catedrático del amor y el cariño.
Creo que esto es sólo una parte de Mohamed Salem. La que se puede expresar con palabras.
Y todavía tiene mucho más.
Te echamos de menos, Mohamed Salem.
José Antonio Rodriguez / Palencia