Se inicia, hoy, el segundo y último tramo de la Feria. Sin atisbos de duda, tres días densos e intensos en los que las ilusiones de los aficionados, siempre al alza, continúan intactas. La respuesta en taquilla, el interés general en definitiva, dará o quitará razones pero, ciertamente y sin ribetes triunfalistas, se perciben unas jornadas apasionantes. Dicho de otra manera y para dejar las cosas claras y sin fisuras, lo más granado y reconocido del escalafón se anuncia a partir de esta tarde en Campos Góticos. No en vano, y esa es la filosofía irrenunciable del taurinismo titulado, si faltan las figuras en cualquier ferial con prestigio -el de San Antolín luce esta especial etiqueta- el runrún popular pierde enteros. Siempre ha sido así y siempre lo será. En Palencia -conviene vocearlo- se respira un aire alargado y puro en este sentido.
Sin restar un solo entero a la trayectoria y méritos de Talavante -sustituto de Julio Aparicio en la terna hoy anunciada-, se presume un duelo sin concesiones entre El Juli y José María Manzanares. El primero, por su capacidad y - que no se tome como frase hecha y vulgarizada- por su vergüenza torera y profesionalidad. Y el segundo, por su firmeza, su ambición y su indiscutible duende. Lo que ocurra o deje de ocurrir al final será cuestión de análisis aparte, pero la afición palentina ya vibra con ellos.