Confianza
Todo lo relacionado con la salud o la falta de ella nos vuelve más vulnerables de lo que somos. Cuando estamos sanos y todo en nuestro organismo progresa adecuadamente bajo las pautas de la normalidad nos sentimos seguros y tranquilos para afrontar el día a día, pero en cuanto alguna pieza de nuestro complejo mecanismo empieza a dar problemas, perdemos esa seguridad. Si somos hipocondriacos, seguramente nos pondremos en lo peor y temeremos que un catarro degenere en bronconeumonía y una mancha en un melanoma. Si no lo somos, seguiremos actuando con normalidad y quizá vayamos al médico o, si la sintomatología es leve, dejemos que la curación llegue por sí misma. Sin forzar. En cualquier caso, el deseo generalizado es recuperar la salud lo antes posible y, para eso, en muchas ocasiones se recurre a la automedicación y al consejo de familiares, amigos y conocidos. Llegados a este punto, es preferible acudir a la oficina de farmacia y consultar con un profesional. Éste informará sobre las características del medicamento, lo dispensará cuando sea de los llamados publicitarios (no requieren receta médica), al igual que el producto de parafarmacia o, de lo contrario, aconsejará acudir al médico para que sea él quien prescriba el tratamiento. Incluso con éste en la mano, el farmacéutico aclarará su posología, composición y posibles efectos adversos, profundizando en los prospectos, no siempre fáciles de comprender. Es bueno tener una farmacia de confianza.
Inserción
En medio de las dificultades de acceso al mercado laboral que vivimos actualmente, sobresalen de forma especial las de algunos colectivos para los que nunca ha sido fácil. Uno de ellos es el de las personas que sufren alguna discapacidad y, con ella, no pocas discriminaciones y problemas añadidos. Convenios como el que acaban de firmar el centro comercial Palencia Abierta, Cocemfe y la Caixa son una buena vía de acceso al mundo del trabajo para esas personas. Entre 2006 y 2009 se realizaron 59 contrataciones en Palencia por este camino y es de esperar que siguen hacia adelante. Nadie ha de contratar a quien no le parezca apto para el puesto de trabajo, pero tampoco rechazar a priori a una persona por su discapacidad, sin antes conocer su perfil y su talento.
Memoria
Uno de los días más tristes y peores en este periódico, y en otros muchos medios de comunicación, fue el 11 de marzo de 2004. A medida que conocíamos la dimensión de los atentados y aumentaba el número de víctimas mortales y de heridos, el dolor, la rabia y, sobre todo, la impotencia se adueñaba de los periodistas. Había que informar y se hizo, pero podemos asegurarles que nos costó afrontar aquella masacre, el despropósito, el sufrimiento de miles de personas. Anteayer volvimos a sentir, al abordar los actos conmemorativos, una especie de escalofrío, y ayer en el acto organizado por la Plataforma Voces contra el Terrorismo volvió a notarse esa sensación. Es difícil borrar de nuestra memoria personal y colectiva un hecho así. Y quizá convenga que sigamos recordándolo para tratar de evitar que se repita.