POR lo oído y leído, siguen abundando las respuestas besugueras, tanto en los exámenes como en las conversaciones de calle.
Una de las preguntas de aquel ejercicio escolar escrito era. ¿Cómo respiran los peces? Y uno de los alumnos contestó con campechanía y echando toda la lógica en el asador: Pues usted comprenderá, profesor, que tienen que respirar con muchas dificultades por encontrarse bajo el agua.
(Evidente, amigo, y qué vida tan dura la de los peces, todo el rato respirando con tantas dificultades).
Me contaron que en una tertulia sobre vinos, desarrollada en nuestras tierras, después de que cada cual soltara sus sabidurías enológicas y dijera sus caldos preferidos, alguien sentenció que los mejores vinos añejos eran los que tenían la botella ¡arrugada! La concurrencia soltó la carcajada ante aquel bolinche, pero el hombre se mantuvo en sus trece y sus arrugas.
(Seguro que el hombre había oído que los buenos vinos se envasaban en botellas con la base muy abombada hacia adentro. Pero de ahí a que el vidrio se arrugara...).
Palabras y conceptos cogidos con alfileres pueden dar lugar a la respuesta de aquel alumno cuando le preguntaron qué tipos de ganado existen. El muchacho escribió que ovino, bovino y guarrino.
(Choca un tanto la respuesta, pero no iba el chico tan descaminado, que ya se sabe que el cerdo tiene muchos nombres y cada cual es muy suyo de llamarlo como quiera).
No se sabe qué ensalada mental tenía aquel mozuelo que, a la pregunta sobre la formación de los volcanes, contestó que el agua del mar se solidifica y sale por el cráter.
(Si eso fuese verdad, por el cráter saldrían cubitos de hielo, un tanto saladillos, eso sí).
Y si se preguntase a ciertos ricos cómo se han hecho tan ricos, la respuesta besuguera sería que trabajando. Porque, sin duda, se les olvidó lo del cazo.