Cuando hace 23 años conocí la labor de Rocío Nieto, con su organización para la prevención, reinserción y atención de la mujer prostituida, Apramp, compartí con ella la riqueza de voluntarios bien preparados que nosotros teníamos en la ONG Solidarios, por trabajar desde la universidad. Pusimos en práctica que la primera cooperación hay que hacerla entre cooperantes. Y que el mejor destino de los voluntarios sociales es en aquellas asociaciones serias y bien organizadas. No se trata de que algunos pesquen en pecera y que se aprovechen de la generosidad de tantos jóvenes para imbuirles ideologías políticas, sociales o religiosas. A un voluntario social le mueve la pasión por la justicia, sin esperar nada a cambio, por el placer de compartir. Nosotros, los iniciadores de ONG, tenemos que preparar el relevo y formar a responsables idóneos para continuar el servicio que nos honra.
La directora destaca de Apramp su unidad móvil, «que se adentra por las noches en los polígonos industriales, clubes y saunas». Dirige, desde hace 25 años, esta aventura en la que empezó sola y sin ayuda. Es trabajadora social, titulada por la Universidad de Comillas, casada y con familia que comenzó su labor hace casi 40 años, con grupos de mujeres que sufrían violencia doméstica. Después, con niños con discapacidad mental. También estuvo en Proyecto Hombre, ONG que atiende a toxicómanos. A principio de 1985, observó por primera vez las caras de las mujeres que se prostituían en las calles. Le impactaron la vulnerabilidad, la falta de políticas públicas para atender a las mujeres prostituidas.
Los meses siguientes se reunió con mujeres prostituidas y les preguntó qué les preocupaba. Puso en marcha un servicio de guardería para los hijos de estas mujeres y organizó talleres de formación para el empleo. Hoy tiene cinco centros de acogida, da apoyo jurídico y ofrece clases de castellano. También tiene un taller de costura en donde trabajan 50 mujeres haciendo arreglos de ropa. Su objetivo es que encuentren otro medio de vida. Tan apasionada es por su trabajo que a veces se monta en la unidad móvil y sale a la calle. No olvida las ausencias a cenas familiares porque a alguna mujer prostituida le habían dado una paliza y ella tenía que ayudarla.
En Solidarios siempre hemos admirado la labor de Rocío y de su asociación porque demuestran que, junto a las protestas, es posible aportar propuestas alternativas.