En él no supone una novedad. De hecho, desde que se produjo el cambio de Gobierno en 2004, José María Aznar se encuentra entre los críticos más críticos del actual Ejecutivo y, en particular, de su presidente, José Luis Rodríguez Zapatero. Ni cien días de gracia ni cien horas, y ya cruzado el Rubicón de la legislatura, con todo lo que está cayendo, Aznar aprovecha todas las ocasiones que puede para pisar el acelerador a fondo y subir el tono de sus críticas. No puede decirse de él que tenga pelos en la lengua a la hora de enjuiciar la política de su sucesor en La Moncloa y que por el cargo que desempeñó durante ocho años consecutivos se muestre en modo alguno cauto o pretenda resultar políticamente correcto a la hora de manifestar sus puntos de vista. Mas bien todo lo contrario.
Ayer mismo, en la inauguración del Campus de Verano que organiza la Fundación para el Análisis y los Estudios Sociales (FAES), en la localidad madrileña de Navacerrada, el ex presidente del Gobierno y en la actualidad miembro del Consejo de la multinacional mediática de Murdoch, se despachó a gusto contra contra contra el inicio de las conversaciones con ETA y el modelo territorial que se está forjando con las reformas de los Estatutos de Autonomía.
Da por sentado Aznar que Zapatero se ha pasado al enemigo con armas y bagajes. «En el día señalado, en el lugar que le dijeron, ha pronunciado las palabras que le dijeron que pronunciara», afirmó. El enemigo no es otro que la banda terrorista y el mundo que la rodea. Para Aznar, quien le sucedió en La Moncloa ha claudicado ante las exigencias de ETA, las mismas por las que durante más de treinta años ha asesinado, secuestrado y extorsionado. Víctimas que, en opinión del ex presidente del Gobierno, han muerto «para nada».
En contraposición, Aznar ha elogiado al PP y a su líder, Mariano Rajoy, de los que dijo sentirse orgulloso por «permanecer fieles a la palabra dada» y no sumarse al resto de los partidos y líderes que respaldan al Gobierno socialista en un proceso que ya ha echado a andar. La pregunta es si realmente Rajoy y el PP están actuando como debiera actuar el primer partido de la oposición, en el gobierno hasta hace menos de dos años y medio o si debería actuar como árbitro, incluso como garante, desde dentro, esto es, como parte implicada en un proceso que como el propio Rajoy ha repetido en distintas ocasiones, ha de tener como objetivo prioritario el final definitivo de la violencia. El fin de ETA. Tengo para mí que a Rajoy le pasa con Aznar, como a Almunia le pasó en su día con González, y podría haber pasado con Zapatero, pero éste no se ha dejado. En ambos casos, flaco favor el que hacen a sus sucesores cada vez que cogen el fusil.