Marco S., un joven residente en la capital palentina, lucha desde el pasado 28 de marzo para defender sus derechos como consumidor. Ese día, acudió a un establecimiento comercial de Palencia y compró una videoconsola, una Nintendo 3DS para más señas que había salido al mercado sólo unos días antes.
«Era un regalo para un familiar, quien al dársela y comprobar que el color no era de su agrado, me pidió que la devolviese para que pudiese elegir una del color que más le agradase», explica.
Con la consola sin abrir y con los precintos de seguridad colocados, Marco S. acude ese mismo día al establecimiento. «Allí, el encargado rompe los flejes de seguridad, desembala los precintos del fabricante, abre la caja... y se descubre que donde debía estar la consola, el cargador y la base hay pilas y folletos recortados para simular el peso de la consola», relata.
Ahí comienza su calvario. El dependiente -según relata Marco S.- se niega a tramitar la devolución y le envía a Atención al Cliente. Allí tampoco obtiene una solución, así que exige una hoja de reclamaciones que rellena en ese mismo instante.
Desde ese día Marco S. ha hecho todo lo posible para que le devuelvan su dinero, unos 249 euros. Reconoce que acude, casi a diario, al establecimiento para expresar su disconformidad y malestar, sin obtener una respuesta positiva.
«No lo entiendo. Ni abrí la caja ni rompí los precintos de seguridad que se supone que evitan estos problemas. Me dicen que eso no vale de nada», cuenta.
Marco S. ya ha acudido a la Oficina Municipal de Información al Consumidor y a la Unión de Consumidores de España en Palencia y ha cursado sendas reclamaciones. Además, contó su caso en un conocido foro de Internet y allí descubrió que el suyo no es el único que se ha dado en España.
Su historia llegó a ser portada de meneame.net, un conocido agregador de noticias, y recibió el apoyo de miles de internautas.
«Por si no fuese suficiente, esta semana se ha puesto en contacto conmigo otro palentino al que le ha ocurrido lo mismo en el mismo establecimiento; en esta ocasión con una Play Station 3. A él le colaron un modelo viejo y usado, pero sí ha conseguido que se lo cambien», cuenta.
Marco S. no se resigna aunque desde el establecimiento ya le han avisado de que no va a conseguir nada. «Tendré que esperar a que la Junta resuelva la queja que he presentado», afirma convencido, no obstante, de que seguirá adelante para defender sus derechos como consumidor.