Milagrosa o no, lo cierto es que el agua de la Cripta de San Antolín fue ayer una de las bebidas más codiciadas en la capital palentina, ya que fueron miles de personas las que se acercaron hasta el pozo ubicado en su interior para beber agua.
Se trata de una tradición muy arraigada entre los palentinos que, el día del patrono, recogen en sus recipientes agua y rememoran los días de la Edad Media en que Palencia volvía a florecer bajo la monarquía goda y Don Sancho el Mayor -rey de Navarra y conde de Castilla- hacía resucitar a Palencia de sus ruinas y de su letargo.
Antes de que terminara la eucaristía en la Seo palentina, los files ya formaban largas colas para bajar a la Cripta y cumplir con la tradición, aunque tuvieron que esperar su oportuno turno, ya que las autoridades fueron las primeras en tomar su vaso y compartir, por primera vez con el nuevo obispo, la costumbre de beber este agua bendecida y considerada milagrosa.
Tras la misa, muchos fueron los que una año más bajaron a la Cripta, mientras que otros lo hicieron por primera vez, cumpliendo así con la tradición.