‘El Cid’ iniciando un pase de pecho con el que remató una de las trabajadas series a su segundo enemigo.
Toreros
Enrique PONCE. De azul cielo y oro. Petición con saludos en su primero al que mató de estocada entera. Cortó con fuerza la oreja de su segundo, brindado al público, de estocada hasta la bola.
Manuel Jesús ‘El CID’. De verde y oro. Silencio en su primero al que liquidó de dos pinchazos y media. Oreja en el quinto al que despachó de media en buen sitio.
Daniel LUQUE. Vainilla y oro con remates negros. Palmas con el que debutaba -sobrero de la corrida- que brindó al respetable y mató de metisaca y media. Cortó la oreja al último de la feria después de una soberbia estocada que apunta a premio.
Incidencias
La buena temperatura y la festividad del día hicieron posible que, junto al buen cartel preparado, la Plaza registrase la mejor entrada del ciclo de San Antolín. Un picador de la cuadrilla de Luque fue volteado espectacularmente del caballo, sin más consecuencias que los lógicos apuros y algún golpe que otro.
Era esperado también, con lógica expectación, el cartel del día del patrono, último festejo del abono. Dos toreros consagrados, Ponce y El Cid, y un tercero, Daniel Luque, debutante en la plaza, que lleva camino de ser figura.
Para que todo fuera acorde con el contenido de la fiesta, la empresa trajo del campo de Salamanca una de las divisas que mejor temporada viene cuajando. Los toros de El Puerto de San Lorenzo son plato favorito en muchas plazas y ferias de nombre, y también muy deseados por los grandes del escalafón. Nuestro gozo, y el suyo, en un pozo. Y bien que se siente pues la corrida no estuvo, ni mucho menos, a la altura de las circunstancias. Hay que decirlo cuanto antes, porque si la corrida hubiera tenido algo más de fuerza y transmisión ahora estaríamos hablando de una gran tarde de toros con triunfo importante de la terna.
Porque esa es otra, y menos mal. Los tres matadores estuvieron muy por encima de los toros. Siempre y en todo momento mimando las embestidas para que los astados no se fueran por los suelos, algo que sucedió más a menudo de lo esperado. Otro día será, ganadero. La pena es que los sufridores hayan sido en esta ocasión los aficionados palentinos.
Hubo que esperar a la segunda parte del festejo para ver cómo se cortaban trofeos. Uno por coleta para Ponce, El Cid y el debutante Daniel Luque.
Con Enrique Ponce sucede que cada vez quedan ya menos calificativos para definir con claridad todo cuanto hace en la plaza. Mérito indiscutible, profesional a tope y torero como pocos. Ahí está su limpia trayectoria. Aquí se le quiere y el corresponde. Cuidó, templó, mandó y toreó. No podía irse de vacío. Toda una lección para más de un principiante.
Vía sustitución llegó a Palencia El Cid. Enhorabuena, porque todo lo que pudo hacer tuvo mérito y sentimiento. Toreó con mucha clase y en su segundo, al que se cantó la vaca lechera, fue capaz de cambiar las tornas y cortar una oreja. Torero bueno, sincero y muy de verdad.
No podía irse de vacío el debutante Daniel Luque. Dejó con claridad la impronta de su personalidad y alguna cosa más. Lo intentó en su primero, sobrero de la corrida, y no pudo ser. En el último, a base de superar dificultades, arrimarse y torear, se metió al público en el bolsillo. La estocada final, para el recuerdo. Justa la oreja. Al final y gracias a los toreros se medio salvaron los muebles.
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