El Mercado Medieval, que ayer cerró sus puertas, se convirtió un año más en un hervidero. Miles de personas han pasado por El Sotillo y su particular ruta jacobea. Y es que en esta edición no se ha querido obviar la celebración de Año Santo. En unos 120 puestos los visitantes encontraron los más variados productos, desde los gastronómicos, con embutidos, pan, dulce... también había un amplio abanico de posibilidades en cuanto a dónde comer. Tabernas castellanas, aragonesas y húngaras, un zoco árabe, sidrería, pulpería y hasta un puesto de patatas asadas. La oferta del Mercado Medieval incluyó los puestos de cuero, vestimentas, plata, velas, especias, decoración y un largo etcétera, que permitió satisfacer a todos los que se acercaron hasta El Sotillo.