Humilde, sencillo y satisfecho de haber hecho las cosas lo mejor posible. Así ha concluido la trayectoria profesional de José Antonio San Juan, más de 43 años dedicados a cambiar y mejorar las infraestructuras agrarias de la provincia. Desde que comenzó su labor hasta el día de hoy, el campo palentino ha experimentado un cambio «radical».
¿Cómo se encontró el campo hace 40 años y qué deja ahora tras estas décadas de trabajo?
El campo ha sufrido una importante transformación. La mayor parte del trabajo desarrollado en estos años ha ido enfocado a la concentración parcelaria, ya que se hacía más que necesaria para acoger la mecanización y modernización de las explotaciones.
De esta manera, ahora se puede hablar de infraestructuras modernas, sistemas de regadío más cómodos y prácticos, caminos, etc.
Los cambios que se han vivido han sido muy profundos, ya que por una parte ha aumentado la productividad, pero al mismo tiempo ha disminuido la población activa agraria, lo que ha conllevado la despoblación del medio rural. Esto ha perjudicado su desarrollo y evolución en las últimas décadas.
Esa es la gran lucha del mundo rural...
Pues sí y lo seguirá siendo. Creo que tenían que haberse buscado otras alternativas de actividad en aquellos lugares en los que la agricultura y la ganadería se han ido perdiendo, pero también es cierto que es algo muy complicado.
La provincia de Palencia tiene muchos núcleos y la población está muy dispersa, por lo que resulta muy difícil y costoso mantener servicios en todas las localidades. Eso hace que la gente emigre y que el campo sufra cambios, la mayoría de ellos no muy positivos.
Habrá alguno bueno...
Hay muchas cosas que han cambiado para bien y nuestra labor ha consistido en intentar que así fuera.
Además de todo el trabajo realizado para agrupar las parcelas de un propietario en el menor número posible de ellas, para así unificar y facilitar el cultivo, se está produciendo un cambio importante en los regadíos. Los sistemas de riego antiguo están cambiando y ahora ha disminuido mucho el consumo de agua, aunque por otra parte se gasta más energía.
¿Qué proyectos o trabajos en los que ha participado destacaría de todos estos años?
Todo lo que hemos desarrollado lo hemos intentado hacer lo mejor posible y no hay nada especial.
Podría destacar mi participación en la primera ampliación y remodelación de la fábrica de quesos de la localidad de Baltanás, cuyas obras dirigí. A raíz de este trabajo estuve un año y medio trabajando en la isla del Hierro, ya que iban a construir una fábrica de las mismas características y estuve ayudando en su desarrollo.
También recuerdo la participación del Iryda en el poblado de Cascón de la Nava.
Cuando los embalses ocuparon las tierras de muchos vecinos de distintas localidades, como es el caso de Riaño, se creó esta localidad y trabajamos en ello. Yo hubiera sido partidario de agregar esa población a otros núcleos ya existentes, pero se creyó más oportuno crear uno nuevo.
¿A qué problemas se enfrenta hoy en día el campo?
La cuestión de los precios es un grave problema que parece no tener fin. Los cereales se quedan en los almacenes y otros cultivos, como la remolacha, han tenido que reducir mucho su precio para poder tener salida al mercado.
A esto se suma que los factores de producción que utilizan los agricultores -semillas, productos...- han subido mucho de precio. Hasta ahora los agricultores se han podido ir salvando a base de aumentar la producción de las explotaciones, pero eso tiene un límite.
En estos momentos el campo depende mucho de la Unión Europea y eso, al igual que tiene sus ventajas, también presenta muchos inconvenientes.
No todos los países tienen las mismas condiciones y características, lo que supone que cuando uno se beneficia de algo, puede que otro esté sufriendo un perjuicio.
Esperemos que surjan cultivos alternativos como la biomasa o los de tipo energético, lo que permitiría utilizarlos para otras industrias además de la alimentaria.