Si hace dos meses y medio encabezó una candidatura con la que los socialistas tocaron suelo, ayer Alfredo Pérez Rubalcaba salió triunfante con su apuesta de futuro en el 38 Congreso de Sevilla, al imponerse a Came Chacón por 22 votos de diferencia.
Mientras sus detractores ven en la figura del cuarto secretario general del PSOE la continuidad de la formación que fue derrotada por el Partido Popular en las pasadas elecciones del 20 de noviembre, sus más cercanos seguidores se aferran a su experiencia como principal motor de cambio al que aspira el socialismo en España.
Este cántabro, que va camino de los 61 años, casado y sin hijos y que lleva cuatro décadas vinculado a la formación, se doctoró en Químicas por la Universidad Complutense de Madrid, donde ejerció como profesor titular.
Hijo de un piloto comercial, durante sus años de estudiante, en la década de los 70, fue campeón universitario de los 100 metros lisos, pero una lesión lo obligó a dejar el atletismo. Por ello, en poco tiempo, este sprinter cedió a su otra gran pasión, la política. De esta forma, logró hacerse un hueco dentro del bloque de izquierdas y se transformó en un corredor de fondo en la vida pública escalando posiciones.
Ahora llega otro momento decisivo en su trayectoria profesional, al tomar el timón del PSOE en uno de sus momentos más difíciles, ya que tendrá que hacerlo renacer de sus cenizas. Sobre sus espaldas se encuentran las voces discordantes que le recriminan por qué no hizo durante su etapa en el Gobierno lo que ahora propondrá en la oposición.
Él esta orgulloso de su labor como ministro de Educación y Ciencia, portavoz del Ejecutivo y del grupo socialista del Congreso, como vicepresidente y titular de Interior. Además, aseguró haber vivido el momento más emotivo de su trayectoria cuando se anunció que ETA abandonaba la violencia, «me emocioné enormemente la primera vez que pisé el País Vasco tras la notica, era algo esperado y deseado por todos», afirmó.
Fanático incondicional del Real Madrid, Rubalcaba es reconocido como un gran estratega con una habilidad especial para el detalle y un político y negociador muy experimentado. Es conocido también por ser un orador parlamentario, en ocasiones tan sarcástico que puede llegar a ser malvado, según apuntan sus opositores.
A pesar de todas las características que le podrían llevar a tener un cara a cara a Mariano Rajoy en los próximos comicios generales, nadie en las filas socialistas se atreve a pronosticar si será un puente de transición entre Zapatero y otro dirigente aún sin nombre propio, o, se convertirá en el que dé la replica al líder popular.
Cara al futuro. De lo que está convencido es de su labor tal y como aseguró ayer. «Continuaré con mi objetivo: defender una socialdemocracia renovada que otorgue un impulso político a la construcción europea».
Así, el nuevo líder del PSOE quiere recuperar las tasas de valoración que los ciudadanos le otorgaban cuando estaba al frente de Interior y para ello seguirá la estela que acompañó a sus antecesores, «mis modelos serán Felipe González, Joaquín Almunia y José Luís Rodríguez Zapatero», señaló.
Desde luego, reconocido amigo personal de Felipe, intentará recuperar la ilusión que se vivió durante los primeros años de mandato del sevillano, los mejores para su partido.