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La población osera oriental se ha triplicado en veinticinco años y ronda los 40 ejemplares

Esther Marín - domingo, 21 de junio de 2015
Imagen cedida por el Servicio de Medio Ambiente en la que se aprecia a un oso en la zona de Polentinos.
Responsables de "Fuentes Carrionas" indican que hace dos meses en Palencia había cinco osas con crías del año anterior

En España, Italia, Francia y algunos países asiáticos viven las poblaciones de osos pardos más amenazadas del mundo. En el caso español, se distribuyen en la Cordillera Cantábrica en dos poblaciones con alto grado de incomunicación.
En los últimos veinticinco años se ha triplicado el número de osas reproductoras en la zona oriental de la Cordillera Cantábrica, a la que pertenece la Montaña Palentina. La población oriental osera ocupa una superficie de 2.100 km2  y es difícil calcular el número de ejemplares, al no existir censo alguno o conteo de animales.
Por ello, el seguimiento de la población se realiza a través de las osas con crías, tal y como explica Pablo Zuazua Muñoz, director del Parque Natural de Fuentes Carrionas y Fuente Cobre-Montaña Palentina y jefe de la Sección de Espacios y Especies del Servicio Territorial de Medio Ambiente de la Junta. «Se ha producido un crecimiento importante del número de osas reproductoras desde los años 90. Por entonces se calculaban en torno a dos o tres plantígrados reproductores y ahora hay un mínimo de ocho, lo que puede suponer una población en torno a los 40 ejemplares», indica Zuazua.
Se trata de una cifra nada desdeñable si se tiene en cuenta que hace quince años el número de ejemplares se situaba entre 15 y 25. El director del Parque Natural de Fuentes Carrionas añade que es una «estimación razonable», siempre desde la premisa de que no hay una forma exacta de saber la cifra.
El porqué de este aumento puede justificarse en varios aspectos, como el hecho de aumentar las medidas y medios para la protección de la especie, la gestión que se realiza en torno a los animales y su hábitat, así como la sensibilidad que la sociedad en general ha desarrollado en torno a este animal. «Hace dos meses en Palencia podemos decir que había cinco osas con crías del año anterior», concreta Pablo Zuazua.

contacto. Ver de cerca un oso puede ser una pretensión que a la mayoría se nos ha pasado por la cabeza en algún momento. Según indica Zuazua, «el oso es un animal muy esquivo y evita al hombre siempre que puede». Esto ocurre en áreas como la Cordillera Cantábrica, donde humanos y osos llevan conviviendo miles de años, y donde el oso «ha podido aprender que cualquier contacto con el hombre puede tener serias consecuencias para él», añade.
Por ello, los encuentros entre osos y personas son muy raros, solo se producen en circunstancias excepcionales y son rarísimas las ocasiones en las que esos encuentros terminan en agresión, indica el jefe de la Sección de Espacios y Especies del Servicio Territorial de Medio Ambiente.
El 3 de junio, sin embargo, un hombre de 35 años fue atacado por un oso en la localidad cántabra de Villaescusa. Este suceso reabre la polémica sobre qué se debe hacer  y cómo hay que actuar en un encuentro a corta distancia con osos. Hay que partir de la base de que el oso tiene un magnífico oído y un gran sentido del olfato, por lo que es capaz de detectar al hombre a mucha distancia y así evitarle. Los encuentros solo se producen en las contadas ocasiones en las que el oso no puede detectar al intruso.
Zuazua explica que esta situación puede darse si se trata de un animal inexperto o que en ese momento está comiendo carroña y pierde por ello el sentido del olfato. Además, el oso puede que detecte la presencia humana pero no esté en condiciones de abandonar la zona en la que se encuentra porque está al cuidado de sus  crías o en época de celos.
«Aún siendo raros, los encuentros entre osos y humanos son quizá más frecuentes en los bosques de la cabecera de la cuenca del Pisuerga que en otras partes de la Cordillera», argumenta. Esto obedece a que son sectores que concentran un buen número de ejemplares durante todo el año y tienen, además, un elevado número de oseras y refugios invernales.
«Otra circunstancia que puede facilitar que se produzcan encuentros es la relativa accesibilidad de estos montes, mucho mayor que la que presentan sus homólogos asturianos o leoneses en la población occidental y también el creciente número de visitantes que acuden a la Montaña Palentina y en particular a las áreas oseras», indican desde Medio Ambiente.
Pablo Zuazua lo tiene claro: «Cuando se produce un encuentro la situación más habitual es que termine simplemente en un enorme susto para ambas partes».
En el norte de Palencia se han producido a veces encuentros entre excursionistas y osos jóvenes, faltos de experiencia tras ser abandonados por la madre. El resultado ha sido la retirada rápida del animal.
«En otros casos, al encuentro le sigue una carga, que consiste en una carrera rápida del oso en dirección al intruso que tiene una función intimidatoria, dado que el oso la interrumpe a unos pocos metros de la persona, sin llegar a entrar en contacto con él», explica el director del Parque Natural de Fuentes Carrionas y Fuente Cobre-Montaña Palentina.

casos. Lo habitual es que la carga del oso se interrumpa con la retirada del animal, aunque en la Montaña Palentina en las últimas décadas se han podido documentar cuatro casos de encuentros tan próximos que han terminado en agresión.
El primero de ellos se produjo  en diciembre de 1999 en la localidad de Casavegas. Un vecino de Bilbao que transitaba por la zona fue mordido por un oso pardo afectándole a la zona femoral. Él mismo se hizo un torniquete en la pierna herida y se desplazó con su propio vehículo hasta el Centro de Salud de Cervera de Pisuerga, donde tras una primera cura se le trasladó al Río Carrión y después al Hospital Clínico de Valladolid.
El segundo caso se registró en un bosque cercano a la localidad de La Pernía en mayo de 2004. Un vecino de la zona paseaba y recogía setas cuando se produjo el incidente y se lesionó la pierna por una caída. El hombre fue trasladado al Centro de Salud de Cervera de Pisuerga, donde le aplicaron las primeras curas antes de ser trasladado al Hospital Río Carrión.
Los otros dos se produjeron en Rebanal de las Llantas en abril de 2010 y en Dehesa de Montejo en septiembre de 2012. En ambos casos, las agresiones no tuvieron mayores consecuencias y las personas que las sufrieron no requirieron mayores atenciones ni hospitalización.
El director de Fuentes Carrionas explica que en los cuatro casos se dan circunstancias parecidas, como la de que en todos afectara a personas que caminaban por áreas oseras, campo a través, solas o separadas del grupo.
«En las cuatro ocasiones se ha podido determinar las circunstancias en las que se produjo la agresión, relacionadas con presencia de celo, osas con crías o de osos que se alimentaban con carroñas, comprobándose en algunos casos que la persona que sufrió el ataque estaba realmente siguiendo al animal», argumenta.
Añade que en el norte de Palencia se tienen noticias de algunas cargas sufridas por excursionistas a pie o incluso a caballo y, en algunos casos, por celadores, miembros de la patrulla osera o agentes que trabajan en la conservación de la especie.

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