Cirilo Tejerina o el ejercicio noble de la política

Francisco J. de la Cruz (*) - miércoles, 9 de enero de 2019
Cirilo Tejerina o el ejercicio noble de la política
El cariño que consiguió concitar supuso que el 6 de mayo de 1931 el Ayuntamiento de Palencia le dedicase una calle que, a pesar de los cambios políticos posteriores, ha pervivido en la ciudad

El 18 de diciembre de 1918 fallecía (acaba de cumplirse por lo tanto cien años), Cirilo Tejerina Gatón, a los 79 años de edad. Las crónicas del momento atribuyeron su muerte al dolor que le había producido el reciente fallecimiento de su mujer. Pero la realidad es que ambos fueron víctimas de la gripe del 18. La sociedad palentina, de forma unánime, mostró su condolencia y cariño. Incluso desde las filas del conservadurismo se expresaron palabras de reconocimiento recordando «(…) su celo y amor a la población a la que prestó grandes servicios conteniendo excesos y corrigiendo abusos en épocas de efervescencia popular (…)».
La prensa le dedicó también amplias notas y reseñas. Un reconocimiento que se ganó a lo largo de su vida, sobretodo como alcalde y concejal y también como líder republicano.
de villaumbrales a palencia. Tejerina nació, un 14 de julio de 1839 en Villaumbrales, localidad de la que eran naturales sus padres, unos agricultores acomodados. En 1851 llegó a Palencia para iniciar sus estudios de Bachillerato. No fue un buen estudiante y tras seis años en el instituto palentino, se desplazó, en 1857 a Valladolid donde terminó el Bachillerato, matriculándose, a continuación, en la carrera de Notariado. A pesar de que completó con éxito los dos cursos de la carrera, no llegó a obtener el título por no presentarse a los ejercicios finales, argumentando su falta de vocación. No parecía dispuesto a sentar la cabeza, llevando una vida algo disoluta para la época, ajena, temporalmente, a cualquier compromiso. De hecho, su matrimonio con Mariana Bregel Carranceja fue tardío, contaba entonces 35 años, edad avanzada para la época.
A su regreso de Valladolid se instaló en Palencia, iniciando sus actividades económicas. Fue contratista de carreteras en la década de los 60 y 70 del siglo XIX y, posteriormente, fundó una fábrica de curtidos, en las afueras de la Plaza del Mercado. Además, su mujer era propietaria de una fábrica de pan, ubicada en la calle Corredera, que traspasó en 1893 a Antolín Pérez. Más tarde el matrimonio instaló una nueva con un horno más moderno.
líder del republicanismo. En los años 60 del siglo XIX empieza a entrar en contacto con el republicanismo, trabando una gran amistad con el principal líder republicano palentino, José María Orense, Marqués de Albaida. Aunque Orense no consiguió que Tejerina se afiliase, por el momento, a su formación política, sí encauzó la energía, vitalidad y recursos de Tejerina hacia el compromiso político y social.
Fruto de esto, fue su ingreso, durante el sexenio revolucionario (1868-1874), en la Milicia Nacional, cuando constituye la 5ª compañía del Batallón de Voluntarios de la Libertad, formada por republicanos. Finalmente, en marzo de 1870, da el paso definitivo a la política, fundando la Sociedad del Club Republicano Federal en Palencia, convirtiéndose en su primer presidente.
Desde este momento velará siempre por la unidad de los republicanos palentinos, frente a la división que se vivió en el resto del territorio nacional. Siempre que pudo, consiguió formar coaliciones en la ciudad, con el resto de republicanos, para afrontar los procesos electorales. De hecho, la ciudad de Palencia ha sido una de las ciudades que ha contado con mayor presencia republicana, en su ámbito municipal, desde 1875 hasta 1936.
A pesar de que adquirió una gran relevancia a nivel provincial dentro del republicanismo, lo que le granjeó simpatía y reconocimiento a nivel estatal, Tejerina rehuyó una participación política más allá del ámbito palentino. Sólo en una ocasión fue diputado a Cortes, durante la Primera República, propuesta que aceptó después de numerosas demandas dentro de su partido y animado por su amigo José María Orense. No volverá a repetir la experiencia que, seguramente, le resultó frustrante, como para otros muchos republicanos, al ver cómo fracasó la primera república española.
Durante su participación como diputado impulsó la aprobación del traslado de la estación de Venta de Baños a Palencia, medida que fue arrinconada y olvidada al regresar, en 1875, la monarquía borbónica.
Alcalde en dos ocasiones. Su actividad política se centró en el Ayuntamiento palentino, en el que fue concejal en varias ocasiones. La primera entre el 1 de febrero de 1872 hasta el 28 de mayo de 1873, cuando dimite tras haber sido elegido diputado, ejerciendo de alcalde durante todo el periodo.
Su matrimonio en 1874 y el nacimiento de sus hijos le llevó a abandonar la vida política institucional durante unos años, aunque siguió dedicado a reorganizar y dirigir el partido republicano en la ciudad. El 1 de julio de 1887 se presenta de nuevo a las elecciones municipales, siendo el concejal más votado, lo que, junto a la mayoría republicana, le permite ser nombrado primer teniente de alcalde. No fue elegido alcalde, porque ese cargo era decidido por el gobierno, quien elegía a un concejal de su propio partido, en este caso a Elpidio Abril.  Pero Elpidio dimitió el 30 de noviembre de 1888, y Cirilo Tejerina, como primer teniente, pasó a ocupar la Alcaldía de forma interina hasta el 1 de enero de 1890. Luego continuó como concejal hasta el 1 de julio de 1891.
Vendrá a continuación un nuevo retraimiento, para reaparecer en pleno siglo XX.
El 1 de enero de 1904, se presenta otra vez a las elecciones municipales, siendo nuevamente el concejal más votado. Permaneció en el cargo hasta el fin de esa legislatura, el 1 de julio de 1909, cuando fue reelegido siendo, una vez más, el más votado de todos los candidatos. Ejerció como concejal toda la legislatura, hasta el 1 de enero de 1912 en la que fue su última participación política. Ocupó, por lo tanto, cuatro veces un sillón en el Consistorio, durante un total de 13 años y nueve meses, siendo alcalde en dos ocasiones, durante dos años y cuatro meses. En tres de las cuatro elecciones fue el concejal que más votos obtuvo en la ciudad, en un periodo, en el que moderados y progresistas se repartían el poder político.
ejercicio de sus alcaldías. Su primera Alcaldía se iniciaba con una riada del Carrión, ante la que Tejerina actuó con rapidez, mandando desalojar las casas de las huertas junto al río, y movilizando a la población y sus carros para ayudar a sacar las pertenencias de los habitantes ribereños. El alcalde permaneció al frente del operativo, desplazándose personalmente al lugar de los hechos. Pasada la riada encabezó los proyectos institucionales y sociales para recaudar fondos para los afectados.
Se preocupó también por el aspecto de la ciudad, exigiendo planos para todas las nuevas obras y las reformas de las casas ya existentes, aumentando las inspecciones en beneficio de un ordenamiento urbanístico. La Huerta Guadián, convertida ya, por uso popular, en espacio de recreo, vio cómo se delimitaba y embellecía su terreno, con una verja de hierro y el establecimiento de bancos, para mayor comodidad y disfrute de los palentinos. Suprimió todos los vertederos cercanos a la ciudad, buscando nuevos sitios para su ubicación, y se determinó una nueva zona donde verter las aguas sucias de la ciudad, entre el Batán de San Sebastián y el Prado de la Lana, zona en ese momento de uso exclusivamente industrial. Se limpiaron también las aguas del Canal en el ramal que lo une con la ciudad. Todo un conjunto de medidas destinadas a ordenar y mantener limpia la ciudad.
En 1872 consiguió la redención de quintos. El dinero para pagar a los sustitutos que fuesen al servicio militar, en lugar de aquellos a los que les correspondía por sorteo, salió de las arcas municipales, atendiendo a una demanda popular repetida año tras años. Ese año, no sólo los hijos de las principales familias -quienes habitualmente pagaban de su propio bolsillo la compra de un sustituto- se libraron, sino también los hijos de obreros y jornaleros.  
Ese mismo año, impulsó una comisión para gestionar el traslado de la estación de ferrocarril de Venta de Baños a Palencia y se alquiló una casa para el establecimiento de los juzgados, dotando de un despacho al colegio de abogados, en respuesta a la demanda de los juzgados municipales y de primera instancia, para que se les facilitase unos «locales adecuados».
En su segunda alcaldía, se llevó a cabo una reforma de la Escuela de Dibujo y se dotó a algunas escuelas municipales de «excusados». Se inició el derribo de la ermita de Rocamador que, además de ruinosa y casi sin culto, impedía la ampliación del paseo del Salón. Por su parte, el paseo del Salón se vio mejorado con la dotación de respaldos de hierro a los asientos de piedra, que aún se conservan en la actualidad. Se instaló un bonito templete metálico, desmontado en 1966, y una gran farola central, ambos realizados por el industrial palentino Juan Petrement.
Otra reforma destacable fue el embaldosamiento de los soportales de la Calle Mayor, cuyos gastos fueron abonados a medias entre el Ayuntamiento y los vecinos. Se instalaron, por primera vez, baldosines de cemento que mejoraron mucho el paseo entre los soportales.
conciliador. A pesar de que en sus alcaldías contó con mayoría republicana, lo que le hubiese permitido tomar decisiones sin contar con el resto de fuerzas políticas, Cirilo Tejerina tuvo siempre claro que era el alcalde de todos y que, si era posible, había que buscar el consenso. Esta actitud se pone de manifiesto, durante su primera alcaldía en la celebración de la fiesta de Santo Toribio. En esa ocasión se discutió sobre la asistencia o no del Ayuntamiento a los festejos religiosos. Los republicanos abogaban por la separación Iglesia-Estado y consideraban que no debía ir representación institucional a una festividad religiosa. Sin embargo, en la sesión municipal se acordó, por unanimidad, que el Ayuntamiento asistiese con carácter oficial «a las funciones cívico-religiosas y procesiones generales del Culto Católico».
Dos fueron las razones expuestas: una el respeto a las tradiciones populares, y otra el sentirse representantes de la población, que mayoritariamente era católica y deseaba verse representada por sus autoridades. Hay que tener en cuenta que, en ese Ayuntamiento, todos sus integrantes, menos uno, eran republicanos.
En aquellos años era habitual, al formarse un nuevo Ayuntamiento, que se produjesen despidos masivos entre los trabajadores, para colocar a allegados, simpatizantes y amigos. En esta ocasión se manifestó otro talante. Tejerina rechazó las proposiciones que propugnaban declarar vacantes todos los empleos del Ayuntamiento, e impulsó y aprobó otra en la que se tendrían en cuenta, a la hora de rescindir los contratos, las capacidades y méritos de los trabajadores. De hecho, en las actas municipales los despidos en este periodo aparecen justificados por faltas laborales, algo inédito hasta esos momentos.
Esta actitud conciliadora se verá reflejada también en la visita de Amadeo I a la ciudad de Palencia. El Ayuntamiento, de mayoría republicana, aceptó, tras discutirlo en sesión municipal, la visita del monarca a quien se le dispensaron los honores apropiados, se le otorgaron las llaves de la ciudad y fue acompañando por el alcalde durante la visita.
Una cualidad, no menos loable, era su capacidad para reconocer los méritos de sus rivales políticos. Las diferencias ideológicas, no eran un impedimento para apoyar, homenajear y reconocer a sus adversarios. Por ello votó favorablemente, en 1912, para cambiar el nombre de la calle Carnicerías, por el de Matías Barrio y Mier, destacado carlista. También tuvo elogios para Abilio Calderón por las inversiones y proyectos que consiguió para Palencia.
una muerte muy sentida. No es de extrañar, por todo ello, el cariño con el que fue despedido por la ciudad en su fallecimiento, el reconocimiento que de su persona hicieron hasta sus enemigos políticos y el recuerdo que queda en la memoria colectiva de la ciudad de haber sido un buen alcalde.
El cariño que consiguió concitar supuso que, el 6 de mayo de 1931, el Ayuntamiento de Palencia le dedicase una calle que, a pesar de los cambios políticos posteriores, ha pervivido en la ciudad. Un reconocimiento basado en la defensa de sus ideas a las que siempre fue fiel, pero a las que antepuso siempre la convivencia y el bienestar del pueblo, sabiendo escuchar y estar atento a las demandas ciudadanas, así como a su capacidad de reconocer los méritos de sus rivales políticos.
(*) Francisco Javier de la Cruz Macho es doctor en Historia Contemporánea por la Universidad de Valladolid y diplomado en Ciencias Religiosas por la Universidad de Comillas. Profesor de Enseñanza Secundaria en el área de Ciencias Sociales. 
 

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